De repente el río Chame se estrecha tanto que todos quedamos atónitos. Se reducía a un promontorio de piedra de casi 8 metros de altura que corría a ambas orillas, durante cientos de metros las aguas que culebrean suavemente a través del manto rocoso alcanzando profundidades considerables.
ALGO DIGNO DE VERSE
"Sólo deben seguir aguas arriba por todo el río y llegarán al lugar que ustedes buscan", nos dice el señor Santiago habitante de toda su vida del poblado de Buena Vista.
Era una mañana de sol radiante y elcielo se encontraba totalmente despejado, estacioné el vehículo cerca del jardín del baile que el señor Santiago atendía y caminamos hasta llegar a la orilla del río como él nos había indicado.
A medida que avanzábamos las frías y oscuras aguas del río Chame se tornaban más misteriosas y espectaculares paisajes aparecían a nuestra vista deleitando nuestro recorrido y a pesar que no sabíamos hacia dónde nos dirigíamos con certeza, ni lo que buscábamos; sí podíamos asegurar que aquello debía ser inigualable.
A la salida del pueblo del Buena Vista, el río describe un semicírculo hacia el norte pasando muy cerca al Cerro Peñón, guardián solitario del área, nos detuvimos un rato para admirar cómo las nubes parecían flotar sobre nosotros describiendo facetas multicolores. Al reaudar el viaje nos encontramos con cúmulos de rocas que se apilaban a orillas del río, formando paredes de formas difusas y pasajes angostos por donde el agua corría, a primera vista parecían como un laberinto en la cual la acción constante de la corriente ha ido desgastando la roca hasta crear esta maravilla natural, sabíamos que habíamos llegado al lugar que buscábamos.
Nuestra estadía en los cajones, nombre que se conoce a este sitio en particular, no duró mucho, pero antes de emprender nuestro regreso disfrutamos de un buen baño.
Al llegar al poblado nos encontramos con varios visitantes que disfrutaban del río, más adelante nos esperaba nuestro amigo Santiago, del cual nos despedimos prometiéndole regresar. Así pusimos fin a nuestro viaje de más de cinco horas, tomamos el auto y nos dirigimos a casa quedando en nuestra mente el recuerdo de aquel lugar simbólico y paradisiáco.