La cinta narra la desencantada historia del sheriff de un desolado pueblo en Texas, uno de esos chapados a la antigua que solía realizar su trabajo sin necesidad de llevar su arma, pero que en los tiempos modernos empieza a ser rebasado por líos de drogas, maleantes mexicanos, armas de todo tipo y gente sin escrúpulos, que parece, como dice su título original, este no es un lugar para los viejos.
Bajo ese triste y árido paraje inicia la historia, cuando un cazador se encuentra en medio del campo, las secuelas de una batalla del narco junto con una maleta repleta de dos millones de dólares. Tras tomarla, es seguido de cerca por un enfermo, un ser con la misión de recuperar el dinero sin importar a cuántas personas tenga que apartar del camino. Al mismo tiempo, es seguido por el sheriff, quien intenta protegerlo de sí mismo, como una última misión autoimpuesta antes de retirarse.
El nivel narrativo, lento pero firme y conciso, la convierten no solo en una cinta de vaqueros contemporáneos, sino en una fábula entera sobre los tiempos modernos plagados de violencia y sinsabores.
El guión, al parecer perfecto, le da el mismo peso a las escenas dramáticas que a las secuencias de disparos y violencia, sin utilizarlas para mantener el interés del espectador, sino colocándolas en su justo lugar para continuar con la trama.
Minimalista es también el aspecto visual, amarillo casi todo, desangelado, triste y azotado sin concesión por el sol y tan apacible e inmóvil, que muchos de sus encuadres parecen postales abatidas de un lugar lejano, pero de cierta forma familiar.
Disfruten de este nuevo estreno que relata una cinta diferente.