"QUISIERA PODER tener la fuerza de llenar los corazones de humildad y hacer que los ojos de las personas mirasen siempre aquel que necesita de ayuda".
Es el año 1810. A sólo 4 días de la Navidad tengo apenas 13 años, cumpliré 14 en Navidad; vivo en un lugar rural muy sencillo y en eso precisamente está lo cálido y lindo de este lugar. Fue aquí donde soñé durante años con un ideal que al final sabría iba alcanzar, porque la fe que se manifiesta dentro de mí así me lo revelaba.
Esta carta es muy especial para mí, quien la encuentre y la lea sabrá realmente lo que quiero transmitir; en su boca estará la magia, y en sus manos estará sosteniendo los deseos más fervientes que una niña de 13 años podría a manifestar, y su boca revelará la muestra de amor más grande que ha corrido en la historia de la humanidad.
Soy de una familia atea, vivo con mis 2 padres y mi pequeño hermano de 5 años; somos muy unidos, nos amamos, cualquiera envidiaría el amor que irradiamos. Mis padres tienen sus propias convicciones, y me han hablado por años de ellas, yo los escucho pero ellos no saben que yo, poco a poco, he descubierto algo diferente a lo que ellos me cuentan, he descubierto a un ser muy especial, a quien nunca me mencionaron.
Todas los domingos a golpe de 7 de la mañana, me ofrezco a buscar el desayuno en una tiendita que está frente a una casa enorme y bella que todos llaman Iglesia, compro el mandado con mucha calma y camino despacito hacia mi casa, sólo para lograr escuchar unas palabras que me fascinan y que tienen el poder de animarme cada vez que la oigo; sé que una de sus líneas tiene una frase muy linda que dice así: "Padre Nuestro Que Estás en los Cielos, Santificado sea tu Nombre". Era tanta mi curiosidad por saber más que aquellas lindas frases, que decidí visitar aquel lugar todas las mañanas antes de ir a la escuela sin que nadie se diera cuenta.
La primera vez que entré a aquella gran casa fue verdaderamente impactante, habían grandes señores y señoras por toda la iglesia, pero lo que más me llamó la atención fue aquel gran libro que reposaba sobre un lindo altar, me acerqué con cuidado y sin que nadie me viera comencé a leerla, lo que descubrí en los próximos días no se comparaba con nada en este mundo, ahí descubrí grandes verdades, y sentí que mi deseo pronto se cumpliría.
Víspera a la Navidad y a mi cumpleaños vi a una persona hermosa que se me acercaba, no le temía y era curioso, dice que vivía en el pueblo y jamás la había visto, pero sentía una gran confianza.
Me preguntó: Por qué has deseado tanto estar aquí conmigo?, ¿Por qué me has visitado todos los días y has faltado a tus clases por mí? A lo que respondí, - "porque desde hace mucho tiempo sueño con estar contigo y decirte que quisiera poder tener la fuerza para llenar los corazones de humildad y hacer que los ojos de las personas mirasen siempre aquel que necesita de ayuda".
Y te he buscado de mil formas y por fin logré encontrar el camino que me llevaba a tí, esta noche mi más profundo deseo es SER POR SIEMPRE EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD.
Visitar a las personas cada año, y hacerlas sonreír, ser la magia que recorra su cuerpo y toque su corazón. Hoy sé que viniste por mí, por eso déjame guardar esta carta para que quienes la encuentren, sepan cómo los deseos más fervientes de una niña de 13 años se lograron cumplir. Para todos y por todos seguiré estando con ustedes en los aires de Navidad.
Los deseos se hacen realidad
La autora es la ganadora de la Sección de Cuentos del certamen organizado por Canal 5.