Para Villazón el año empezó con su regreso a los escenarios tras un parón de seis meses por agotamiento. Su reaparición fue a principios de enero en la ópera de Viena con un papel que la crítica vio como muy apropiado para su estado emocional, el del hipersensible Werther de la obra de Massenet del mismo nombre.
El público lo arropó dándole la bienvenida con un fuerte aplauso nada más entrar en el escenario, aunque la mayoría de la crítica destacó al día siguiente el nerviosismo del tenor y que -como escribió el diario austriaco "Die Presse"- "su prestación escénica fue superior a la vocal" y "con el dramático papel de Werther tocó sus límites".
A finales de noviembre el mismo tenor triunfaba en el Covent Garden de Londres con "Los Cuentos de Hoffmann" de Offenbach.
El diario "The Guardian" escribió sobre el estreno que, tras su "mala racha", Villazón volvía a estar "en plena forma vocal", mientras le revista especializada "Intermezzo" saludaba la aparición de un Villazón "más maduro, sabio y sobrio".
"El guerrero que regresa después de haber perdido un par de batallas es, seguramente, un luchador más rico en su interior", contó el propio Villazón en una entrevista con Efe con ocasión de la salida en marzo de su último disco "Cielo y mar".
La edición de "Cielo y mar", que lleva el nombre de una romanza de Amilcare Ponchielli, e incluye también obras, a veces poco conocidas, de Cilea, Verdi o Donizetti, fue uno de los logros de Villazón en este año.
En Viena rodó también la versión fílmica de la ópera "La Bohme" con Anna Netrebko, la soprano rusa con la que forma la pareja operística más aplaudida del momento, y en Francia, el país donde vive, fue nombrado caballero de las Artes y las Letras.
El mexicano fue recibido como un ídolo popular en muchas de sus apariciones, como en el Festival de Salzburgo, donde, según la televisión austríaca que retransmitía el espectáculo, actuó en un ambiente propio de "un concierto pop", o cuando en París provocó delirio en el recital que dio con Juan Diego Flórez, el otro gran tenor latinoamericano actual.
Los blogs de aficionados suelen criticar el entusiasmo indiscriminado con que los fans de los cantantes de ópera siguen sus actuaciones, y advierten del peligro para los artistas, que pueden perder el sentido de la realidad y aventurarse en terrenos poco apropiados para su voz o su temperamento y dañar así sus facultades.
Los entendidos por ello se congratularon cuando Flórez canceló su participación en el Rigoletto que el Teatro Real de Madrid montará en 2009.
"Siempre he pensado que de Verdi cantaré únicamente Rigoletto, sólo que ahora es demasiado prematuro", dijo Flórez al anunciar su decisión en una rueda de prensa en Barcelona antes de explicar que es "bastante autocrítico" y pone todo su empeño en mejorar.
Flórez había interpretado ya al duque de Mantua de esta ópera de Verdi en el Callao de Lima y en la Semperoper de Dresde, pero la crítica, tras el estreno en la ciudad alemana, coincidió en que el tenor ligero, de 35 años, aún no está maduro para ese papel.
La revista alemana especializada Opera Point escribió que "Flórez no tuvo su mejor noche", mientras la emisora Deutschlandradio estimó que "no pudo convencer de verdad" y que el artista acostumbrado al bel canto penetró con la obra de Verdi "en terreno dramático desconocido y cantó con demasiada circunspección".