Sin diálogos complejos, y con la ayuda de una proyección de los versos de la poesía “Wings of desire” (Las alas del deseo), se pudo leer el relato de un niño que se va alejando de la infancia y la inocencia.
La obra “Echoes of Hope for those Still on the ground”, (Ecos de esperanza para quienes siguen en la tierra) de la Compañía NY2dance, de Nueva York, E.U, nos relata el nacimiento, crecimiento y la trascendencia de un ser “espiritual”. Lejos de caer en el pecado terrenal.
La bailarina de danza contemporánea, Nejla Y. Yatkin dejó perplejos y emocionados a quienes asistieron al Teatro Nacional el pasado miércoles 24 de marzo.
Con una iluminación baja, Nejla se presenta ante el público de espalda, para mostrarnos cómo bajó del cielo. Al tocar el suelo con sus pies, sus alas poco a poco se desprendieron de su espalda, subiendo directo al cielo.
Un ángel “sin alas”, que se convierte en humana, y empieza el proceso de autoconocimiento, al aprender a caminar y a sostenerse como una pequeña criatura.
Ya de niña, empieza a disfrutar de los columpios y saltar la soga.
Con los años, la niña pasa a ser una mujer. Este cambio físico y hormonal se pudo sentir cuando se escucharon los latidos fuertes del corazón. Un sonido conocido por todos, que nos recuerda lo vulnerables que somos a la vez.
Nuestro corazón es el motor que controla nuestra vida con cada respiración y exhalación.
La joven crece y se convierte en toda una profesional. Entre los sonidos de la ciudad, los teléfonos en la oficina y la competencia en el “mundo laboral”. La mujer empieza a sentirse sola y desconectada de su lado espiritual.
Sólo la perseverancia y la fe, logran conservar la fortaleza en el espíritu, recordándole “al ángel” d donde viene y a donde aspira regresar.
La vida pasa por diferentes etapas y el tiempo no se detiene. Se ve llegar la vejez que trae consigo la experiencia.
Los días para el ser angelical recobran nuevamente la paz que daba casi por perdida.
La bailarina Nejla se agacha ya más encorvada, se recoge su cabellera y la llena de polvo blanco. La mujer “algo demacrada”, vive su vejez, aspirando que la muerte le siente bien y la llene de gracia.
Danzando con un paraguas, ella juega como una “adolescente” recordando los mejores momentos de su vida.
Debajo de una leve llovizna, “este ser privilegiado”, se agacha y se refugia bajo el paraguas. De repente, escampa y empiezan a caer del cielo unas plumas blancas.
Era el momento más esperado. Las plumas eran de sus alas, las cuales empezaron a bajar del cielo y “volvieron a ser suyas”. Fue meritoria volver a ser un ángel, un ser de luz y de amor.
Por años, la mujer luchó por mantener la conexión con el espíritu y se aferró al Ser Supremo.
El llamado del cielo se hizo sentir. La mujer dejó de ser humana y regresó a su estado verdadero, un ángel que vivió en la divinidad por siempre.