L una sol es hermosa. Sin igual. Los colores coquetean entre sí. Tienen luminosidad.
Junto con sus hermanos y hermanas “Equis”, “Fruto naranja”, “Torrente”, “Agganoeri”, “Gran Torrente” y “Fruto Punto Rojo”, ella, “Luna Sol”, son parte de la propuesta “Fruto de Luna”, del pintor panameño Cesáreo Young.
Son acrílicos sobre tela, donde se dan cita colores cálidos y fríos que se complementan y producen un maravilloso efecto, atractivo a la vista.
“La obra de Cesáreo Young nos hace recordar los paisajes oníricos de Odin Redon (pintor simbolista y surrealistas de inicios del Siglo XX) por sus imágenes alusivas a ojos y esferas, con un sentido cósmico y metafísico, introduciendo las imágenes de frutos que están encerrados dentro de esta línea mágica”, opina el también pintor, y docente, Carlos Rivera.
Continúa haciendo su recorrido por las salas de “Huellas”, mirando otras pinturas como “Fruta multicolor” y “Voló”, que parece una explosión cósmica y añade que “Cesáreo es un artista que mantiene una constante búsqueda de imágenes y efectos técnicos en cuanto al uso de pinturas, acrílicos, resinas y collage, que lo han llevado a obtener una madura distinción dentro del grupo de artistas noveles de Panamá”.
Valga señalar que los “Fruto de Luna” ya fueron degustados por ávidos ojos en La Habana, Cuba, en la Casa Simón Bolívar.
Esta exposición individual de Cesáreo también ha sido admirada en Guatemala y El Salvador y su arte aparece en el Libro “Nuevas Banderas”, Selección de noveles artistas centroamericanos y en el Libro “Arte Contemporáneo-Imagen y Crítica”, de la Fundación AT Cultura, Argentina.
A juicio de Héctor Miguel Collado, hablar de Cesáreo Young es hablar de “uno de los jóvenes que mayor oportunidad se da para explorar con posibilidades cromáticas. En su inventario de inventos se queda con lo primero que se le ocurre y al mismo tiempo se exige, imanes aglutinantes, polos opuestos/opus y gestos”.
Añade que “el color como el dolor le pertenecen. Es su respiración. La forma ocurre, es un ir a ningún lado para llegar a todas partes y adentro”.
Concluye que “como quien vuelve de la ceguera”, con Cesáreo Young, aprendemos a “mirar con otros paisajes”, a “descubrir”, a “hurgar en la hondura”.