Los Príncipes de Holanda se convirtieron recientemente en los reyes de la pista. Guillermo y Máxima demostraron sus dotes artísticas y complicidad como pareja de baile (y de la vida) en una cena de gala a la que fueron invitados con motivo de los actos conmemorativos por el 400º aniversario de la ciudad de Nueva York.
Los herederos holandeses festejaron durante seis días de visita a la Gran Manzana. Glamour y ritmo danzaron juntos en cada paso de los Príncipes.
Para la ocasión, la princesa Máxima lució para el vals un vestido beige con escote de palabra de honor ribeteado con pedrería, el cabello recogido en un moño bajo y, como únicos adornos, unos pendientes largos y un brazalete de brillantes, mientras el príncipe Guillermo vistió el uniforme de gala de la Marina Real.
Pero los herederos demostraron ser grandes bailarines en todos los géneros. Antes de convertirse en Fred y Ginger en un elegante vals durante la cena de gala, Guillermo y Máxima de Holanda se habían dejado llevar por ritmos más cañeros en la fiesta que ofrecieron en Governors Island, una pequeña isla al sur de Manhattan. Diversos artistas holandeses, como el afamado pinchadiscos Armin van Buuren, y más de diez mil personas asistieron a la cita.