El cierre de la Feria de Azuero el pasado lunes fue al ritmo de los Sandoval. Estos hermanos prepararon un tremendo Festival bailable, en el que la concurrencia fue más de 3, 000 personas.
Durante la festividad, Samy y Sandra anunciaron un concurso de baile para regalar celulares a los asistentes. El tema escogido para tal hazaña fue "La Quemazón". Las mujeres se desvivían por moverse igual que "La Gallina Fina", todas querían llevarse su aparato telefónico. Después de tantos "shows", 18 personas salieron ganadoras, y lo más importante fue que todo el mundo gozó.
Yo, como dirigente político, me tendría que preguntar cuáles son las posibles consecuencias positivas o negativas de no participar en la Concertación Nacional. Pero también es necesario considerar los posibles resultados positivos que merecerían tomar el riesgo de participar... ¿disminuir la pobreza no es uno de ellos? ¿Mejorar los indicadores de desarrollo humano no sería un elemento bueno por el cual correr el riesgo? ¿No fue el tema de las inversiones sociales lo que nos motivó a los panameños respaldar la propuesta de ampliación del Canal de Panamá? ¿No se dijo que había que tener un plan de desarrollo para invertir los excedentes del mismo? Ahora tenemos la oportunidad y, ¿qué hacemos? Mandamos mensajes equivocados como la eliminación de la obligación de contratación pública para todos los actos del gobierno, pero también ponemos distancia con los seres empobrecidos por falta de políticas coherentes y consistentes, que bien se podrían elaborar ahora.
Si dejamos morir esta oportunidad, ya por un mermado liderazgo de la Administración Torrijos, ya por ausencia de los partidos de oposición, estaremos abriendo el camino a otras formas de gobiernos que, seguramente se distanciarían de los principios de democracia, justicia y libertad, propios de una nación con un gran futuro.
Cuando en una sociedad hay una prebenda, un privilegio, alguien paga por ello. La política se supone que es la búsqueda del bien común. ¿Qué bien común genera que alguien que compró hace un tiempo un bien raíz, por arte de la especulación hoy pueda venderlo por muchas veces su valor. Y peor si este bien raíz fue una adjudicación del Estado para un fin social, cultural o religioso, que ahora se venda dentro de la corriente especulativa con ganancias que rayan, si no en lo delictivo, por lo menos en lo inmoral?
Y esto es al margen de la peor venta de la patria que hace un gobierno antinacional que entrega, en concesiones graciosas, todo tipo de negociado al apátrida poder económico transnacional.
Una Constituyente originaria se requiere para enmendar estos entuertos antinacionales y de distorsión económica.