Son tres los artistas extranjeros que participan en la cuarta entrega de la colectiva de Mateo Sariel “Crónicas de una visión”.
De origen cubano y radicado en República Dominicana, el pintor Eleomar Puente ha traído sus obras pictóricas, llenas de contradicciones y belleza, donde las líneas iconográficas y el tiempo luchan entre sí.
Sus destrezas en el dibujo, las denota en los lienzos con figuras geométricas, con propuestas llenas de pequeños elementos, que sumados hacen una figura inmensa.
La técnica es el acrílico. Sus manchas las envuelve dentro de un paradigma “climático”, donde los pincelazos y los goteos denotan el temor, ante la lucha del hombre contra el “humor de la naturaleza”.
Los colores en sus obras van, desde el sepia, blanco y negro, hasta los colores primarios, donde el azul reina en sus obras sumergidas dentro del mar, bajo un pertinaz aguacero o en lo alto de una “pared de agua” en el mar.
Su obra es muy madura, sigue un patrón “obsesivo” por la maquinaria del reloj antiguo, que recuerda lo “esclavizante” que es para el hombre, vivir en un mundo industrial regido por las maquinarias a grandes escalas.
Leslie Milson.Trabaja la madera, en su estado natural y con acabados que permite que la superficie brille por la pintura de aceite o el barniz. La estructura de sus composiciones abstractas tienen, hasta cierto grado, movimiento al combinar tiras de maderas limadas y terminadas para darle “limpieza” a su obra.
Esta clase de obras asemejan a una “instalación decorativa”, que le da una especie de relajación al observador.
Armando Lara.Sus pinturas evocan, hasta cierto punto, escenas renacentistas, con desnudos llenos de curvas y proporciones generosas llenas de “carne” y nos recuerda la real esencia de la figura humana y su belleza, “sin intervención estética” que valga.
El tiempo se puede percibir en sus cuadros, en las composiciones en espiral, circulares, dentro de un fondo “espacial” que traslada a sus personajes y a quienes siguen la trama, a un “punto de fuga” infinita.
Esta sensación de abundancia y esplendor conduce a sus espectadores a un punto de partida donde lo bello y sublime puede impresionar por la fortaleza que es respaldada por los efectos de sombras y luces en colores “ocre”, recordándonos a la vieja escuela europea del siglo XV y XVI.