Aunado a nuestra comida típica, nuestra música y nuestros bailes, la pollera en combinación con la idiosincrasia de nuestra gente, alegre y campechana, le muestran al extranjero lo mejor de nuestro folklore, rico y variado dependiendo de cada región. Para nadie es secreto que la pollera panameña es considerada como uno de los trajes típicos más hermosos y selectos del mundo, pero quizás algunos desconocen que data de los siglos XVI y XVII, cuando era el vestido utilizado a diario por las españolas.
Normalmente este traje, que hoy se ha convertido en parte de la herencia de España a raíz de la conquista, más que nada de las regiones de Sevilla y Andalucía, se presentaba blanco, con dos o tres zócalos con sobrepuestos o bordados florales.
Sin embargo, podría decirse, sin temor a equivocarnos, que la pollera panameña no es más que el resultado de la mezcla de los vestidos de las españolas de distintas regiones de ese país.
Un detalle muy importante que hay que mencionar es que, aunque la pollera es definida en los diccionarios como el vestido de la cintura para abajo, con muchos pliegues y vuelos, o sea, falda; la verdad es que en nuestro país representa el conjunto de camisa y pollerón. Aunque se desconoce por qué el martes de carnaval tableño es el "Día de la Pollera", a diferencia de otras regiones del país como la capital, en la cual se celebra el domingo de carnaval; lo realmente válido es que no importa el día en que se haga, si se trata de hacerle honor a nuestro traje.
En el caso de los carnavales de Las Tablas, en donde mayor tributo se le hace a la pollera, el domingo de carnaval generalmente cada tuna realiza un tamborito durante las primeras horas de la noche, paseando a sus respectivas reinas a pie y rindiendo homenaje a esos memorables primeros carnavales en los que no se contaba con murga, como en la actualidad.
No obstante, esta celebración no termina allí, ya que una vez concluido el tamborito ambas soberanas se pasean en hermosos carros alegóricos con motivos alusivos a nuestro folklore.
Es importante señalar que durante el carnaval tableño los organizadores de ambas tunas siempre se han caracterizado por brindarle al visitante lo más genuino de nuestra cultura, como lo son las tunas de tambor y caja, lo que fortalece nuestra identidad de panameños, e incluso el orgullo de los interioranos.
Esto está demostrado en el hecho de que, particularmente la tuna de Calle Abajo de Las Tablas tiene por tradición obsequiar a su soberana la pollera que lucirá el martes de carnaval, la cual es valorada en dos mil 500 balboas, sin incluir enaguas, tembleques, ni prendas, pero siempre cuidando todos los parámetros de una pollera de concurso, digna de ocupar los primeros lugares en donde se presente.