Los cinco días establecidos para explorar todo lo que el arte, la moda, la creatividad en sus múltiples facetas nos puede ofrecer en un espacio tan histórico como el Casco Viejo, sirvieron para demostrar que tanto por su locación en el Arco Chato, como en la nueva Plaza V Centenario, el MACROFEST resultó toda una aventura.
Ambas infraestrucutras, una muy antigua comparada con la otra casi recién inaugurada, fueron el atractivo perfecto, para el provecho de marcas consolidadas que compiten con sus productos entre sí.

Esta competencia logró despertar la creatividad de empresas y los espacios interactivos permitieron que todo aquel que quisiera participar pudiera hacerlo pintando zapatillas o diferentes versiones de las botellas de las bebidas, modificar otros objetos emblemáticos, entre muchas otras actividades que sirven de “feedback” entre los clientes y las compañías multinacionales.
Doble faceta.
Esta vez, los artistas fueron más audaces y mostraron sus múltiples facetas artísticas para recurrir a los espacios que eran brindados en estos dos puntos de referencia del arte: Por ejemplo, en un cuarto en el Arco Chato, los hermanos Vergara expusieron los bocetos estilizados de su pasada muestra “Memoria en blanco y negro y el último día se despidieron de manera satisfactoria con su colección “Delirium Nácar”.

Esta pasarela deja en claro que los hermanos no se aferran a una paleta de color en especial y que su fuerte es trabajar los acabados como los recogidos, plizados, encajes y pedrería.
Estilistas a su moda.
Otro que dio una muestra de su especialidad con sus enigmáticas pasarelas, fue Moisés Sandoya, quien conoce bien cómo deben ser los diseños de los trajes escénicos, algo que le ha valido premios por aprovechar simples materiales que registran bien en las fotos y a distancia.

Con su “slogan” ‘Te quiero’, la diseñadora Teresa Valencia, de Ecuador, volvió a presentar creaciones llenas de telas con caídas fluidas y menos extravagantes.
La diseñadora Juddie Attie mostró una colección más jovial, donde mezcló rayas con encajes brillantes y mate, un estilo un poco recargado para los gustos más osados.

Una de las más esperadas por su show y sus creaciones, fue Annie Chajin, quien aunque presentó “Anugaden Summer”, esta vez sacó piezas para llevar en vez de largos trajes.
Su “must have” o pieza clave fueron unas faldas de tutú, con capas en colores fuertes y pretinas estampadas con camisetas varoniles, que hacían balance con los sombreros estilo “Pin up” y su joyería con toques caribeños.
Chajin introdujo unos conjuntos “suits” (traje sastre) para el verano y una prenda para caballeros, portado por su sobrino Noah.
El cierre contó con dos diablicos espejos, que quisieron robarle el “show” a la modelo principal de esta pasarela.