No importa cuántas veces haya alguien leído el cuento de hadas "La Bella Durmiente", sigue disfrutando esta historia de amor, celos, envidia, egoísmo, en la que un hada malvada lanza un hechizo mortal a la princesa Aurora-quien gracias a otra hada que interviene para atenuar el impacto maligno de su homóloga la hermosa princesita, solo queda adormecida durante 100 años. Hasta que un apuesto príncipe quien anda de cacería llega por el castillo y ve a la bella durmiente, queda hechizado con su hermosura y le da un beso. Un beso que la salva, que la despierta...
Una y otra vez "La Bella Durmiente" ha sido leída por ojos ávidos de historias de hadas, de amor, de príncipes y princesas. Una y otra vez ha sido llevada al escenario por productores de teatro, por compañías de danza y seguirá enamorando a chicos y grandes, como lo hizo este miércoles en el Teatro Anayansi, el Russian Classical Ballet.

Es que todo el espectáculo fue grandioso. Es el resultado de artistas excepcionales: vestuarios y escenografías (del Russian Classical Ballet), el libreto (Ivan Vsevolojsky y Marius Petipa), la música (Pyotr Ilyich Tchaikovsky)...
Y, qué decir de la dirección general de Evgeniya Bespalova.

También vayan los aplausos para Valentin Grishchenko (maestro y dirección de grupo), para MT y Fundación Valórate, Big Sound (Audio), la Embajada de Rusia, BBM Mullen y el Instituto nacional de cultura, Inac. Todo el equipo que de una forma u otra tuvo que ver con este magno espectáculo en el que se derrochó talento, calidad excepcional, trabajo en equipo y que constituye un estímulo para nuestra niñez y adolescencia que ama la danza y ve estos profesionales demostrar que este lenguaje universal ha sido y seguirá siendo un instrumento que permite hermanar a los pueblos del mundo.
Gracias a Rusia y gracias a Panamá por brindar propuestas de este tipo y calidad en suelo istmeño.
