Al igual como ocurrió la semana pasada con el estreno de “Luna de miel en familia”, la nueva comedia con Seth Rogen, “Buenos Vecinos” (título irónico en comparación al “Neighbors” del original) no es una comedia más, sino que en su recorrido –a veces errático– intenta reflexionar sobre la madurez y la responsabilidad de los nuevos adultos, que aún se sientes casi jóvenes. En la de Adam Sandler esa temática estaba ubicada en los que ya tienen 40, en el caso de este nuevo estreno, todo está centrado en los de 30 y pico versus lo de apenas 20 y pico.
Mac (Seth Rogen) y Kelly (Rose Byrne, “la delicada” de “Damas en Guerra”) son una pareja que han tenido hace pocos meses una hermosa niña, y están recién saliendo de la etapa posparto tratando de recuperar algo de su vida sexual, entre tantas responsabilidades nuevas que poseen como padres. Con mucho esfuerzo han podido comprar una casa en un lindo barrio. Esperanzados ven cómo diversos candidatos visitan la casa justo de al lado que se encuentra libre para rentar. Tienen tan mala suerte que se termina mudando la fraternidad “Delta Psi Beta”, cofradía de terribles y ruidosos adolescentes universitarios, quienes intentarán pasar el día de juerga, con ruidos y fiestas a todo volumen.
Ante semejante mala noticia para sus vidas (y el dormir de la niña) Mac y Kelly intentarán acercarse a la fraternidad en buenos términos, tanto que hasta son invitados a una de esas fiestas en que la cerveza y la marihuana pasan de un lado a otro.