Causar una buena impresión desde el minuto uno es importante cuando alguien valora en poco tiempo no solo los conocimientos, sino también rasgos de la personalidad del candidato a un puesto de trabajo.
El primer consejo es informarse a fondo de la empresa en cuestión y adecuar vestuario y maquillaje a las características del sector sin perder la propia personalidad ni sentirse incómoda.

La base: hidratar bien la piel para que se vea saludable es un buen comienzo para añadir después una base de maquillaje que le aporte un acabado perfecto y luminoso a la persona.
Un truco que no falla para conseguir que la piel se vea bonita sin estar sobrecargada es aplicar una crema perfeccionadora y un toque de polvos sobre la zona “T” (frente y nariz).
Ojos despiertos: una sola pasada de máscara de pestañas puede ser suficiente después de darles forma con un rizador que abra la mirada.
Se pueden utilizar sombras nude, marrones o rosadas, nunca llamativas, y sugiere evitar brillos, purpurinas y exceso de pigmento o de negro.
Rubor: siempre que sean tonos rosados o salmón. La discreción es importante. Opta por el rosa suave o melocotón y en textura líquida. Hay que aplicarlo con brocha, de forma gradual y extendiéndolo por el pómulo.
Hablan las manos: se ven mucho en una entrevista, por eso hay que nutrir y cuidar las cutículas con productos como aceite exfoliante con hidroxiácidos. En cuanto al color de las uñas, una capa de brillo transparente es una alternativa limpia y discreta, pero, dependiendo del puesto de trabajo, se puede arriesgar más para demostrar que se está al día de las últimas tendencias.
Para entornos tradicionales, los nude o los tonos porcelana son un acierto, pero, en otros sectores, las uñas rojas o granates, a juego con el pintalabios, resultan muy elegantes y demuestran carácter.