Variedades

Más allá de los foráneo, más allá del "regee"


La primera vez que la familia De León nos invitó para escuchar las ejecuciones arrancadas al acordeón, por parte del joven Isaac, marcó la ruta de muchas otras visitas a varios actos sociales, encantados por el talento que recién comienza a cosechar laureles.
Isaac De León, según nos cuenta, ha sido guiado por Pedro Gómez, a quien él considera su maestro en los gustos por las teclas y el fuelle. Con todo y su indiscutible talento y con todo y la técnica enseñada y aprendida, nos inclinamos a creer que su ascenso se hubiera detenido, si no es por el apoyo incondicional de sus padres Celso De León y Ana Fernández; y de sus hermanos que también forman parte del novel conjunto, Celso Isaías, Celso y Pedro.
Entre ellos, hace su propia personalidad artística su hermano de 10 años, Celso Isaías, quien toca el tambor, o las tumbas, haciendo gala de su destreza innata, con ingenua picardía.
No pretendo, en este artículo de por sí limitado, hacer disertación sobre ese género musical que, en los últimos tiempos, ha revolucionado el mundo de los espectáculos, porque no soy un experto conocedor de la materia.
Más, eso no opta para intuir que Isaac De León se proyecta como uno de los grandes en el futuro de la música típica.
Según vemos, este joven gladiador del teclado, practica y ejecuta con verdadera maestría, las piezas más famosas de Victorio y Nenito y las de Ulpiano Vergara, sin menoscabo de su propio repertorio.
Al escucharlo, acuden a nuestra memoria, viejas remembranzas. En la estancia lejana de los recuerdos, se vuelven a encender la guaricha junto al horcón de macano, el ritmo del zapateo grupal hace cimbrar la enramada, y del piso polvoriento se levanta una nube amarillenta. Todo, porque al músico lugareño, dando tregua a sus ocupaciones del agro, se antojó de rebuscar una cumbia, para deleite de los parroquianos allí convocados.
Fueron aquellos, los albores de la grandeza de hoy. Porque no hubiéramos escalado las alturas de Samy y Sandra Sandoval, de Dorindo y de Victorio, de Osvaldo y de Alfredo Escudero, de Ulpiano y Manuel De Jesús, si no hubiéramos disfrutado la música de Gelo Córdoba, Fito Espino, Papy Brandao, Chalino Nieto, Ceferino Nieto, Yin Carrizo y Teresín Jaén, durante las décadas pasadas.
Aquellos, especialmente los que florecieron en los años cincuenta y sesenta, debieron enfrentar el rechazo de la población urbana y de una clase social que se creía culta, demasiado culta como para escuchar y menos bailar, música de "cholos". Ahora, vemos con emocionada satisfacción cómo la juventud se desvive por competir en certámenes nacionales, a fin de lograr la medalla que acredita no sólo al mejor acordeonista, sino también al mejor tamborero, al mejor trovador de décimas, al mejor violinista y al más destacado mejoranero. En este laboratorio de jóvenes talentosos, Universidad viene a ser el Festival de la Mejorana en Guararé.
Por todas esas consideraciones, en torno a la fuerza que nuestra música vernacular le insufla al nacionalismo, vacunándolo en contra de mixturas de extranjerismo, por todo ello, es que saludo entusiasmado, el paso triunfal de Isaac De León y como él, el de muchos jóvenes que sienten pasión y orgullo por los sones de la patria.
En una de sus últimas presentaciones, llegué a pensar que la presencia de éstos jóvenes en las tarimas, constituye conducta iconoclasta. Porque a partir de ahora, y para siempre, ellos han cambiado la estrofa de Ricardo Miró, para decir que la Patria es la música sabida, sobre un huerto lleno de flores, de verdes hojas y de promisorio esplendor.
Ahora, con las fiestas en Guararé, estamos seguros que Isaac De León estará con su acordeón y su familia, haciendo gala de su talento juvenil, y el "reggae" no destronará en el alma panameña "nuestra música sabida".


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69058
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América