Percepciones equivocadas sobre el por qué de la actitud de los demás, intolerancia, orgullo malentendido echan al traste la comunicación con los demás.
Bien lo dice el refrán "lo cortés no quita lo valiente". Y esta gran verdad universal "perfecto, sólo Dios". Entonces, ¿por qué nos ahogamos en un vaso de agua o nos hundimos en la arena movediza de la terquedad, en vez de asumir la responsabilidad de nuestros actos y pedir disculpas cuando hemos cometido un error o herido con palabras o hechos a otra persona?
Estoy segura de que como a mí y a gente de todas las edades, te pasa todos los días más de una vez que hiciste algo que no estuvo bien. No digo que con intención. Pero, en fin, te equivocaste y te cierras en la sin razón a jurar y perjurar que tienes la razón. Sólo porque no quieres ceder terreno, admitir que tu actitud no fue la mejor y dar la cara. Piensas que serás blanco de burlas de tus amigos o los que se enteren de que tuviste que tragar saliva y aceptar tu error. Si supieras lo equivocado que estás. El asunto no es ir por la vida alegremente afectando a otros con tu actuar y hablar y seguir tan tranquilo como si nada hubiera sucedido. O, lo que es peor, disgustarte cuando te reclaman y te exigen una explicación.
Hay que tener sentido de responsabilidad. Hay que tener bien amarrados los pantalones y las faldas para analizar lo sucedido no únicamente desde tu punto de vista. También desde el de las otras personas.
Y, hecho esto, admitir que actuamos equivocadamente, a la ligera y que rompimos el equilibrio de la relación y comunicación con esa o esas personas afectadas por nuestro proceder.
Yo creo que cuando tú hieres la sensibilidad de otra persona, la haces quedar en ridículo o le causas un daño físico, mental o moral, es bueno recapacitar, aceptar que has causado un mal y pedir disculpas.
Hacer lo necesario para indemnizar al otro también es correcto. Quizás pienses que no te importa con más de cuatro estar pidiéndoles disculpas cada vez que les causas algún tipo de molestia o perjuicio. Pero, sí, estar bien con todos cuenta. Y mucho. Veamos por qué.
Si vamos a lo práctico, primero que nada porque el mundo es un pañuelo y no sabes cuándo puedes necesitar de la ayuda de esa persona y en vez de apoyarte te puede afectar y peor. Segundo, porque es incómodo tener enemistades o diferencias con los demás cuando se puede hablar y llegar a un arreglo amistoso en el que
muchas veces sólo tienes que ser honesto contigo y aceptar que te equivocaste y pedir disculpas. No es asunto de creer que es cobardía o humillarse aceptar que se ha actuado mal. ¡NO! Es asunto de justicia.
Ahora bien, como te decía, vale la pena pedir disculpas. La tercera razón es que te crea una buena imagen tratar de hacer las paces, de conversar con aquellos que has afectado con tu conducta. Ante todo, demuéstrale que lamentas lo ocurrido. Luego, explicas tus razones y te ofreces para enmendar el error y reparar daños. Esto no es cobardía, es sensatez. Es sabiduría, es lo lógico, lo correcto.
Me equivoqué y lo admito
Aceptar que cometiste un error y enmendarlo te creará una imagen de respeto.