Los padres y madres de familia pegan el grito al cielo y se lavan las manos. De ninguna forma aceptan que los hijos cuando ellos les hablan les respondan con una grosería o sencillamente los ignoren. Tampoco, que anden al garete o que no les hagan caso porque ellos no fueron capaces de darles una buena formación donde hubiera disciplina, respeto y se trabajase en equipo, coordinadamente, en busca del bienestar común de la empresa familiar, donde, bien lo expresa la psicóloga Lizeyca Villamil, hay deberes y derechos.
Existen ciertas cosas en la vida, como los valores fundamentales, entre ellos el amor, la tolerancia, la paz, el aprecio por la vida, la solidaridad y la gratitud y el respeto por Dios, la vida, el prójimo, la naturaleza, que sólo se enseñan en la primera escuela, el hogar. Y en un momento adecuado.
Es de necios negar que los niños modelan lo que viven y que todo lo que ven y sucede en su derredor hace mella en ellos y sin una guía oportuna son como un barco perdido en alta mar sin capitán y sin brújula.
Un niño que nada más escucha reprimendas, quejas, cosas negativas, se levanta inseguro, resentido, lleno de odio, con la idea de que no encaja en el sistema, de que no fue un hijo deseado, plantea Villamil.
Se nos ocurre echar un vistazo al mundo y el lenguaje que impera es el de la violencia, la negligencia, el oportunismo, el odio, el revanchismo, la envidia.. Hablan claro el dinero y el materialismo. La lucha por el poder, de toda índole, predomina. Y durante Semana Santa, más que nunca, esto nos hace detenernos y sacar tiempo del ajetreo cotidiano para preguntarnos qué estamos haciendo con nuestros hijos y los de los demás. ¡Qué duro camino el que tendrán que andar ellos y nuestros nietos y los nietos de ellos..
Tendrán su propio viacrusis y si no han aprendido (porque no se los enseñamos pues estábamos muy ocupados en otros asuntos que creíamos más importantes) a comunicarse entre ellos y a hacerle un rincón especial a Dios en su corazón, sus lágrimas serán peor que el diluvio.
Porque la tarea de ser padres nunca termina como tampoco el aprendizaje y la reingeniería interna, que es la valedera, la que pesa más a los ojos de Nuestro Padre Celestial, en esta Semana Mayor, en que tenemos más presentes que nunca a Jesús, su vida, su obra, su ejemplo, sus mensajes tan vigentes , tan llenos de amor, tan oportunos, dichos de manera sencilla, con palabras llanas, con ese lenguaje que es fácil captar (que calaban hondo en quienes lo escuchaban y siguen siendo predicados para hermanar los pueblos asentados en la Tierra) hagamos votos y aunemos esfuerzos de cara a tomar el timón de nuestras vidas y asumir con propiedad y compromiso una paternidad y maternidad responsables. Restablezcamos los canales de la comunicación a todos los niveles.
A su pequeño que la mira con ojos candorosos e inocentes, cántele, háblele, vaya abriendo los canales de la comunicación. También al más crecidito. ¿Acaso Dios y Jesús dejaron de comunicarse en algún momento?
Nunca esté tan ocupado que no pueda escuchar a su hijo. Y escúchelo de verdad, no lo subestime y piense que no se da cuenta de que mientras él habla usted lee el periódico, ve la TV o dormita.
Anime a su hijo a dialogar con usted, desde que empieza a aventurarse en la vida y dice sus primeras palabras.
El diálogo como instrumento que es garante de armonía, justicia y democracia se aprende antes de haber traspuesto los linderos del hogar.
Este programa está enfocado en cuatro proyectos como son sistemas de agricultura sostenible (28 voluntarios), conservación ambiental comunitarias (28 voluntarios), desarrollo económico comunitario (32 voluntarios) y salud ambiental (34 voluntarios).
El Pájaro Jai ha sido diseñado para que se convierta en un sitio en el que se discuta sobre la cultura de los emberá y sus hermanos indígenas de otras partes del mundo.