El trabajo en equipo, que es piedra angular en el cooperativismo, la constancia, la confianza en el potencial del binomio tierra- recurso humano y el acceso a tecnología de punta y al conocimiento han permitido a una familia campesina chorrerana, la de Ada Pinzón, plantar las bases de la economía hogareña.
Junto a sus ocho hijos/as, que bajo la guía de Luis, su esposo (quien tiene casi tres décadas de experiencia sembrando piñas) trabajan hombro a hombro en los piñales, cultivos de hortalizas y la cría de cerdos, gallinas y pavos, Ada ha podido ver crecer un negocio familiar que mantiene a la familia unida en la tarea de garantizar el bienestar de cada miembro, a la vez que aporta al progreso nacional. La Presidenta de la Cooperativa de Servicios Múltiples Panamá West (COOPAWEST) no duda de que con Dios como timonel, con autoestima alta, esfuerzo y espíritu de superación, triunfar está al alcance de mujeres y hombres.
Las mujeres, sobre todo, plantea Ada: "Tenemos que demostrar que podemos hacer las cosas, que podemos salir adelante y, ante todo, tener fe en nosotras". "A mí siempre me han gustado los retos, porque siento que nos perfeccionan y nos ayudan a mantenernos en el punto de equilibrio", añade. Y, pone de relieve que hay que estar acorde con la tecnología y tener presente que la globalización llegó y no hay marcha atrás.
"Dicen que la cosa está dura, yo pienso que tenemos gran potencial en el campo, y hemos emigrado mucho a la ciudad, donde, si uno no tiene un trabajo no tiene nada", expresó, al preguntársele acerca de dónde buscar el pan en el campo o la ciudad. "En el campo uno puede subsistir. Aquí tenemos la tierra y pienso que en realidad es cuestión de esfuerzo. Aquí sembramos piña, mango, guayaba, guanábana... Si se trabaja duro se ven los resultados".
La de Ada Pinzón es una de las 532 familias beneficiarias del programa AGROPYME de la Autoridad de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (AMPYME), que ha mejorado la calidad de vida de 3,726 panameños/as que trabajan la tierra como medio de sustento.
"Sabíamos cómo trabajar la tierra pero no cómo sacarle el mayor provecho a cada centímetro, cómo mercadear. AMPYME ha venido a ser clave en armar este rompecabezas. Nos ha brindado ayuda técnica y nos ha enseñado aspectos importantes (desde gestión empresarial, organización, preparación del proyecto, control de plagas, riego y drenaje, la comercialización, industrialización...hasta el manejo del producto, que es perecedero y muy delicado -cómo seleccionar la muestra y cómo empacar la fruta-, capacitación que nos ha ayudado a pasar de ser productores de subsistencia a empresarios exitosos".
Al respecto, el Ing. Domingo Saavedra, promotor para la región Panamá-Darién de AGROPYME, explica que así como dos grupos en La Chorrera cultivan piñas, en Chame uno cultiva hortalizas y en Tortí, Chepo, hay cultivos de raíces y tubérculos, sólo por mencionar algunos rubros que cultivan los 27 grupos asociativos identificados por AMPYME y a los que ha brindado capacitación y asesoría técnica.
Dijo que se están exportando piñas a Europa (principalmente a Italia, Holanda y España) al igual que yuca pelada y se promueven exportaciones a corto plazo de otros rubros prioritarios tales como chayote, plátano, pescado y camote.
Para concluir, Ada explica que crecer en todas las direcciones, ganar experiencia, conocimientos, dinero, ver resultados, se facilita gracias al cooperativismo. "Creo que podemos hallar soluciones, hacer mejor las cosas si estamos unidos y empujamos todos en la misma dirección. Por eso, crean en Dios, en sí mismos y asóciense, porque, juntos todo es posible".
Pabón expresó que desafortunadamente el proceso de diseño usualmente comienza con la compra del inmueble sin entender el estado general de la vivienda. El diseño debe hacerse en conjunto con la oficina de patrimonio. En el mejor de los casos esos planos deberían ser aprobados por una junta.
Los edificios históricos, al igual que los cascos históricos, son muy agradecidos y aceptan muchos cambios. "El casco histórico de Panamá fue diseñado para gente caminando y a caballo y ahora le hemos metido carros y taxis, pero tiene un límite. Es como si alguien me exige a mí que sea bailarina de ballet. Yo puedo ser profesora o puedo cocinarte algo rico, pero ¿bailarina de ballet? Los edificios históricos tienen sus límites. Hay que ver el casco histórico como una entidad y no edificio por edificio; es un organismo, es como si yo no me sintiera bien y sólo me alivian un dedo de la mano", manifestó.
Preguntamos a Arleen Pabón la manera de hacer que las edificaciones históricas sean rentables o por lo menos autosostenibles. "Hay edificios en los que se puede hacer eso y hay otros en los que no. Una catedral nunca será rentable, una plaza tampoco. El gobierno puede generar fondos alquilando salones para eventos especiales en los lugares donde se pueda", fue su respuesta.
Señaló que mucha gente lo ve con alarma diciendo que no se pueden privatizar o cobrar la entrada al público; sin embargo, pedir una cifra razonable con garantías de que el público no hará desastres es una posible solución. A Pabón se le entregó un cuartel que habían "remodelado" destruyendo por completo su identidad histórica, pero lo tenían y había que aprovecharlo. La especialista creó una junta y se empezó a alquilar el lugar para bautizos, bodas y fiestas de quinceaños y, en menos de un año, el edificio se pagó su propio mantenimiento y ya tenía fondos para cuando hubiera que pintarlo. Está situado muy cerca del Morro, lugar visitado por 1.5 millones de personas al año; a la arquitecta se le ocurrió la idea de poner unos lindos carros que vendieran refrescos ya que en la isla hace tanto calor. Hoy por hoy el espacio es muy querido por propios y extranjero y tan bello que Dayanara Torres y Marc Anthony celebraron allí su boda.
"Lo ideal es que las estructuras históricas sean autosostenibles", expresó Pabón, pero, "la responsabilidad está allí, dejen dinero o no hay que hacerlo. El mantenimiento del patrimonio es una responsabilidad que tenemos que asumir como país y localidad".