Confusión es lo que predomina. No todo es lo que parece. Pero todo es producto de un mal entendido y la falta de una investigación profunda respecto de quiénes son, cuáles son sus antecedentes y a qué se dedican los náufragos .
Prepárense para reír durante casi dos horas, para pasar un buen rato a costillas de unas chismosas que al igual que el alcalde de San Tenorio de Costa Alta (interpretado por Abdiel Tapia) tienen las hormonas disparadas, como podrán percatarse cuando vean “Pueblo chico, infierno grande”, comedia que se presenta hasta el 30 de septiembre, en el Teatro en Círculo, dirigida por Renán Fernández.

En esta producción de Cultura escénica se quedarán boquiabiertos con las cosas que suceden tras el rescate de los náufragos (1930). Nada volvería a ser igual jamás en el pueblo donde también se pegan las malas costumbres citadinas: corrupción, clientelismo, negligencia gubernamental, adormecimiento del electorado con lo cual se hace cómplice del “Status quo”.
Por un lado, más de cuatro, entre ellos el pequeño (en estatura, pero grande en ego, máxime si todos no se cansan de hacerle genuflexiones para ganar su gracia) alcalde de San Tenorio de Costa Alta, cuando ven cuan generoso ha sido Dios con una monjita muy particular, que les roba la calma. Y, por otra parte todos estos incautos, hasta el alcalde, le rinden pleitesía a un falso príncipe.

Es que aprovechándose de la situación, Anita Maravillas, una prostituta de “profesión” se hace pasar por Sor Juventina del Campo Florido mientras que Roderico de Farsalia aspirante al trono del reino de Balcovaquia queda nada más y nada menos que como un mozo de corral, mientras que el carterista y engatuzador Jaime El príncipe, que además es borrachín, goza siendo tratado como un noble.

