"Desde hace un tiempo actúa como una adolescente, hasta me preguntó si mi novio tiene un amigo para presentarle", dijo molesta.
En estos tiempos en los que las cirugías, la liposucción y el botox, ayudan a "disimular" las arrugas, crece el número de madres que buscan, por todos los medios, ser las mejores amigas de sus hijas.
Es lo más normal del mundo que una madre quiera ser la mejor amiga de su hija, sin embargo, el problema inicia cuando ésta se extralimita, asegura la Dra. Geraldine Emiliani, psicóloga clínica y sexóloga.
Un caso público y que muestra las consecuencias que puede provocar esta situación es el de Dina Lohan, mamá de la actriz Lindsay Lohan, quien se jactó de que ella acompañaba a su hija en las largas noches de fiesta, en donde compartían hasta la madrugada tragos y baile, como las mejores amigas.
Sin embargo, todo indica que algo falló en esta relación, ya que Lindsay ahora no puede salir del círculo vicioso de alcohol, drogas y detenciones policiales en los que se encuentra.
¿Será que no tenía clara la figura de autoridad?
La especialista expresó que una mujer nunca debe olvidar su papel de madre.
Debe dedicarle tiempo a sus hijos, promover la calidad de vida, el buen ejemplo y el acercamiento afectivo en el que los principios morales sean su mejor atributo.
No afecta en nada que una madre quiera salir de rumba con su hija, tampoco que desee relacionarse con los amigos de ésta. Pero el problema se podría presentar cuando la madre opta por una relación de intimidad con estos jóvenes y de libertinaje.
Una madre siempre debe medir sus actitudes sobre la base de los principios decentes y moderados. Además, debe basarse en la autoridad, aunque a muchos no les agrade la palabra.
Los jóvenes necesitan control y alguien que los aconseje.
En este caso, lo más indicado y lo que piden a gritos las chicas es que su madre asuma este rol. Para ellas es la voz de la sabiduría y la experiencia, según un sondeo realizado a 25 jovencitas, entre 15 y 18 años.
Señalaron que una madre siempre será la mejor amiga de su hija si se mantiene al margen y no pasa esa línea.
Por su parte, algunas madres señalan que el imitar a sus hijas les quita años. Otras creen que el hacerse amigas, dejando a un lado esa relación madre-hija de una manera "jovial", ayudará a la comunicación. Quizá no se equivoquen, pero de no hacerse de manera correcta podría acabar confundiendo a la jovencita.
Especialistas coinciden en que la mayoría de los casos se presentan en mujeres divorciadas.
La doctora Emiliani manifestó, que de hecho sucede más en madres solteras, divorciadas y viudas, aunque no descartó que se dé en las casadas.
El problema no radica del todo en el estado civil, sino en la manera que ésta visualice su comportamiento.
Cabe mencionar que también se pueden dar casos en los padres, aunque no es frecuente.
El miedo a envejecer podría ser el principal factor determinante en esta situación, pero existen otros que también influyen:
Inmadurez por parte de la madre.
Les resulta difícil aceptar su papel de madre.
Problemas de identidad, puede haber una regresión hacia sus años de adolescente.
Son mujeres de baja autoestima, no se sienten bien con ellas mismas.
Cuando se dan estos casos en donde se sobrepasan los límites de una simple amistad, se afecta sobremanera la relación afectiva madre-hija.
Es necesario que ambas partes se tomen un tiempo para meditar en qué están fallando. Por ejemplo, en el caso de la hija analizar por qué le permite estas libertades a su madre, si es por temor o por no contradecirla.
Se recomienda a la joven actuar con mucha cautela y reserva, sin olvidar que se trata de su madre, por ello es importante el diálogo y plantearle lo que le incomoda para tratar de buscar la solución.
Para enfrentar esta particular situación familiar, hay enfoques terapéuticos que buscan que la madre vuelva a ser una guía en la toma de decisiones, una acompañante, aquella confidente que sabe orientar y fortalecer la personalidad de la hija.
Como siempre, para llegar a este punto hay que reconocer que hay un problema y buscar ayuda para solucionarlo.
De tratarse de un caso extremo, los familiares deben interceder y hacerle ver a la madre que no está bien.
Si la situación es obsesiva y patológica ambas deben recibir ayuda profesional.
El mensaje que le transmite a su hija no es el adecuado, por lo tanto, hay que hacérselo notar.
La madre siempre debe aprender a sembrar en la mente de sus hijos criterios sanos.