Eso de ser perfeccionista, nos dice, "creo que es una deformación profesional y me siento culpable si algo no cumple con mis expectativas".
Sobre la perseverancia explica que: "me pongo metas y trato de alcanzarlas. Solamente la vida misma me coloca barreras como las que atravieso en este momento".
No es complicada. En cuanto a comida, su favorita es la panameña: arroz con guandú, arroz con pollo, pollo asado, bacalao con verduras.
Acerca de sus preferencias musicales comenta: "como escritora de este tiempo, escucho incluso los rap, quiero adentrarme siempre en las nueva expresiones musicales, aunque mi música preferida sigue siendo el jazz y baladistas como Sabines y Serrat". No tiene mascotas, pero le atrae el movimiento incesante de los peces pequeños.
El violeta es su color favorito. "Creo que hay una llama violeta que nos protege y en ella me encierro", dice.
Cinco cosas claves en su vida son: "el amor de mi familia, el aliento vital de mis amigos, el tener capacidad de escribir, el poder apreciar lo bueno y lo malo de la vida y el disfrutar diariamente el amanecer".
Para Mireya la felicidad "es un estado que puedes crear si aprendes a valorar aspectos sencillos de la vida: una puesta de sol, la sonrisa de un niño, la lluvia sobre tus manos, tu capacidad de ser y entregar amor".
El haber podido obtener 3 premios Miró, tres Premios León A. Soto, cinco premios del IPEL, y uno del Sindicato de Periodistas, me han ratificado mi vocación de escritora. Por otro lado, tener dos hijos: Luis Romero y Angela Mireya, los dos profesionales de una trayectoria positiva en sus carreras y sobre todo hijos de estatura moral intachable.
Opina que la literatura en nuestro país es buena, incluso hay escritores de gran nivel, pero hace falta mucha difusión. Su género literario preferido es la poesía. "Yo nunca voy a dejar de ser poetisa, creo que es mi bastión. Incluso esta novela que ganó transmite mi aliento poético".
Lee de todo. "No descarto ninguna expresión literaria. Pero indiscutiblemente no podría dejar a un lado ni a Jorge Amado, ni a Gabriel García Márquez ni a Cortázar. Hay una escritora colombiana que me parece extraordinaria: Laura Restrepo".
Creo en una divinidad superior que marca nuestros caminos.
Para ella el reto más difícil "es el de la sobreviviencia, pero no me aferro a lo imposible. En este momento no pienso en la enfermedad aún cuando vive conmigo. Tengo mucha fe en mí misma y creo que puedo superar obstáculos si esa fe no me abandona".
Siente que es una carrera como la de los atletas que requiere preparación y es posible alcanzar la meta. Su temática sigue siendo la mujer. "Escribo poesía como mujer, escribo teatro tocando el tema de la mujer como fue Vivir la Vida sobre la obra de Clara González de Beheringer y ahora en Crónica de Caracoles, los personajes femeninos son bien definidos".
Por otro lado, cree que aunque la humanidad tiene más aciertos que debilidades, " últimamente se ha perdido un poco el rumbo, nos hemos hecho guerreristas luchando unos contra otros". Asimismo, nos habla sobre el éxito, el amor, la amistad y la libertad. Está convencida de que "el éxito se conquista día a día, con una permanente mirada puesta en el futuro. De igual forma, el amor nos dignifica, el amor nos hace nobles en cualquiera de sus manifestaciones: filial, fraternal o de pareja. La libertad es también otra conquista que hay que preservar, porque no es solamente la libertad como país, sino la individual que es más difícil de mantener. La amistad es una de las expresiones del ser humano más auténticas".
Finalmente, para Mireya la página en blanco "es un desafío. Quiero escribir pero me sale espuma, dijo Vallejos y ciertamente hay días que escribir es difícil pero hay que hacerlo, hay que avanzar y quebrar el misterio de lo insondable, rescatar la magia, encarar la palabra y hacer que surja el poema o la novela".