Conviven con la dicha y con el dolor, sin embargo, no se aferran al dolor como a un amante, por el contrario, tratan de transformar el dolor en esperanza. Las palabras anteriores pertenecen a Elia Guadalupe Sepúlveda, quien formó parte del grupo que rindió homenaje la semana pasada a un grupo especial de mujeres. Entre ellas, Jacinta Aguilar, Elvira Gálvez, Máxima de León y Valentina Blanco de Martínez.
“Ayer y hoy celebrando los 100 años de la enfermera obstétrica”, se tituló el evento organizado por el post grado en materno infantil de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Panamá.
Contó con la presencia de profesionales hijos/as de parteras, que dieron testimonio de la ternura, paciencia y tesón con que ellas atendían a las parturientas a un precio módico e inclusive sin cobrarles.
Tanta era la fe de las mujeres en las parteras, que, pese a que ya había hospitales y obstetras, ellas, al final de su embarazo, dijo Sepúlveda, iban donde las parteras para que les tocaran las barrigas y les dijeran si el niño estaba bien colocado.
Elmo recordó las largas noches de sacrificio de su madre, Valentina, que ayudó a parir a cientos de mujeres y tuvo a su vez ocho hijos de los cuales el menor es él y el mayor Víctor Martínez Blanco. Solía escuchar a su padre cuando le decía a su madre “ese trabajo tuyo sale caro”. Y es que si una parturienta humilde la señora Valentina hacía el trabajo gratis y sacaba de su bolsillo para ayudarla.
Argelia Buitrago, hija de Máxima de León, por su parte, declamó una poesía a su madre: “Mi mamá era enfermera/el ángel blanco que amé y también era partera que amaba a la niñez. Recuerdos sus suaves manos/ bálsamo de amor. Con sus esfuerzos ufanos/ fue misionera de amor...”
Luego, relató que su mamá fue enfermera de cabecera de la madre del Dr. Arnulfo Arias Madrid y la cuidó con abnegación hasta que falleció. Argelia quien admiraba el amor de él hacia su madre, tomándolo como modelo hizo lo propio con la suya. En una ocasión ambos se dieron las gracias: el Dr. Arias a Argelia por recordarle a su madre y a la noble enfermera y Argelia a él por servirle de mentor.
Durante su intervención Víctor Martínez Blanco alabó la labor de las enfermeras, quienes “en las historias de la existencia humana tienen un gran papel al ayudar a los enfermos a hacer su travesía por los quebrantos”.
Dijo de su madre que: “habiendo perdido a su propia madre fue estudiante asidua, constante y capaz. A los 16 años se gradúa de enfermera obstetra”. Y, desde entonces “en ella se realiza el milagro de la maternidad, confirmación del amor, lealtad y abnegación”.
“Eran 9 días continuos de servicio que tenían que darle a la parturienta”. Su madre cobraba 11 dólares por cada parto. A veces se gastaba los emolumentos en la propia parturienta”. Las mujeres que parteaba solían pedirle que les bautizara los niños que traía al mundo.
Finalmente, hizo un llamado a los médicos a que no conviertan la salud en un peldaño para lucrarse y ganar fama.
Por otra parte, Deidamia Mohamed, quien tiene 12 años como enfermera obstétrica en Cañazas, Santiago, y ha atendido a cientos de mujeres cuando dan a luz, dijo a “El Panamá América”, que el principal problema que tienen esas parturientas es el bajo peso, (al igual que el producto) debido a las carencias que pasan por ser de bajos estratos económicos. Estas mujeres enfrentan anemia durante el parto y post parto, al igual que la imposibilidad de costear el parto.
Si bien la mayoría de las que ha atendido son mujeres en edad fértil, “no dejo de atender adolescentes (niñas de hasta 14 años) y hasta mujeres de 47 años”, puntualizó.
Mohamed dijo que esas parturientas aparte de la anemia, “no tienen mayor complicación, porque, como que el Dios es de nosotros”.
Manifestó, asimismo, que lo que más le impresiona es que “la mujer a pesar de toda complicación siempre sonríe”.
Ella opina que el nivel de responsabilidad de la parturienta/enfermedad obstétrica es muy grande, porque “en el momento del parto la mujer está en un trance: está entre allá y acá y lo que viene allí es como un regalo, no sabemos qué viene envuelto”.
Esta enfermera que ha ayudado a tantas mujeres a dar a luz, que las ha visto llorar y reir a la par cuando abrazan por primera vez al fruto de su vientre, manda a las féminas un mensaje de aliento, pero, les recuerda, a la vez, que “no sólo es ser madre, sino procurar hacerlo bien. Es decir, ser responsable, tener sólo los hijos que uno puede mantener, y planificar”. A los hombres, les recuerda que “las mujeres no son instrumentos de ellos”.
ANTES DE ACOSTARTE
Una fruta (excepto banano).
Yogur bajo en grasa.
1.5 onzas de avena en agua.
(*) Ensalada completa: Admite lechuga, tomate, zanahoria, remolacha, garbanzos, champiñones, brócoli, coliflor, cebolla, apio y pepinillo. Maíz, sólo en los días de ejercicio.