Lo ideal sería que nuestro sitio de trabajo fuera un lugar sosegado, donde trabajar en paz y destacarnos de acuerdo a nuestro potencial y esfuerzos realizados; sin embargo, en la realidad no es así. En muchas oficinas, por no decir la mayoría, el ambiente que reina es el del chisme, la maledicencia, el "quítate tú pa" ponerme yo" y prejuicios sexuales.
El psicólogo César Alfonso, especialista en recursos humanos y desarrollo organizacional, afirmó que el ser humano es multidimensional y posee múltiples facetas. Su comportamiento laboral está afectado o determinado por diferentes variables como la familia, las relaciones sociales, el sexo, problemas individuales y la pareja.
"Si tienes un problema familiar, un desajuste en tu relación de pareja, no sólo en el plano sexual o un problema de comunicación con un amigo o compañero de trabajo; eso hace que te comportes o actúes de una o de otra forma y que esto beneficie o afecte tu desempeño y relaciones laborales", planteó.
A todos nos afecta las dificultades, pero la creencia popular, apoyada por el comportamiento de muchas, es que las mujeres llevamos nuestros problemas al trabajo. Es por eso, que los jefes, en su mayoría hombres y las mujeres en los puestos de liderazgo, piensan mucho a la hora de considerar a una mujer para una promoción.
La Dra. Leida Javier-Ferrell, especialista en desarrollo humano y entrenamiento corporativo, indicó que las mujeres cometemos el error de hablar sobre nuestra vida personal en nuestras conversaciones; los hombres no, ellos hablan de deportes o del clima. Este tipo de conversaciones en el trabajo nos descalifican a los ojos de los demás y le dan municiones a los enemigos o enemigas manifiestos o solapados.
Al estar involucrado en un sistema social llámese familia, escuela, universidad o trabajo, estamos supeditados a una serie de normas y reglas que han sido instauradas para regular la libertad y la conducta de los integrantes de dicho sistema.
Mal que bien, explicó el psicólogo, dependemos de las reglas que gobiernan ese sistema social, de la cultura y de la misma sociedad; transgredirlas puede representar rechazo de parte de los demás integrantes, tratar de modificarlas o adaptarlas puede en ocasiones funcionar, todo depende de las circunstancias particulares.
El sexo es una de las mayores fuentes generadoras de estrés, según el psicólogo César Alfonso. Las mujeres son las más afectadas, deben sobrellevar con estoicismo o relegar su deseo de embarazarse o el remordimiento de no estar todo el tiempo que quisieran con sus hijos.
Sumado a lo anterior, debe vestir tradicionalmente para no ser considerada coqueta, fácil o "poco profesional". Ni hablar de los comentarios de los que hay que cuidarse, que si tocas a alguien, ya "andas con él" o si le sonríes al jefe es porque te lo quieres levantar.
"En el mundo y especialmente en la cultura latinoamericana el machismo y el movimiento feminista (que en el fondo lo que hace es fortalecer el machismo) ocasiona el que en diversas áreas y particularmente en las áreas sexual y laboral, la mujer sea utilizada y doblegada a los intereses del hombre", expresó Alfonso.
Añadió que aún se encuentran personas con estilos de pensamiento en los cuales la mujer es un objeto sexual para satisfacción de las necesidades y lugares donde desde las mismas políticas estatales se fomenta o mantiene este tipo de comportamientos.