La semana del Libro en la Biblioteca Nacional no fue la tradicional celebración en la que se organizan concursos de lectura, de redacción, se arman murales, etcétera. Por esta vez, los lectores pudieron jugar y conocer amigos, las reglas de silencio en las salas se rompieron para que entrara la risa que producen los libros.
Ya sus maestras les habían advertido en clase: En la biblioteca se guarda silencio, en la biblioteca hay personas estudiando que necesitan concentración, nadie grita en la biblioteca, hay que hablar bajito... Todas estas indicaciones se fueron por la borda cuando los pre escolares del Centro de Desarrollo Infantil del Organo Judicial y los del Colegio Isaac Rabin, llegaron a la Biblioteca Nacional en la Semana del Libro. También llegaron visitas de la escuela Rogelio Sinán.
Más de cien estudiantes, de distintos niveles, llegaron durante esta celebración a visitar la Biblioteca Nacional, en el parque Omar.
Se les dio el recorrido oficial por las cuatro salas: la Panameña, la Extranjera, la de Referencia y la Hemeroteca. Aprendieron a utilizar los servicios que se ofrecen en esta institución cultural y algunos hasta sacaron su carné de usuarios.
Cuando Héctor Collado, promotor de lectura de la Fundación Biblioteca Nacional, inició con su repertorio de cuentos y dinámicas creativas, el silencio se echó para un lado y la sala extranjera de la Biblioteca se convirtió, sólo por un momento, en un parque de libros en el que los cuentos soltaron carcajadas, aplausos y gritos. Visitar la biblioteca no resultó tan aburrido como lo pintaban las maestras en clase. Con Collado escucharon historias de elefantes, de tigres, de leones, de tortugas y de ratones ansiosos por alcanzar la luna. Y llegaron a saborear la luna, que les supo a limón, a chocolate, a caramelo, a queso.
Usaron, además, la máquina de hacer sonidos, que funcionaba cuando Collado alzaba las manos y los niños reían, aplaudían o hacían bulla, según la posición de las manos.
“Los niños no leen letras, pero sí imágenes, entonces estas visitas les estimula el uso apropiado del libro, el desarrollo de la creatividad y cuando escuchan cuentos y se divierten querrán leerlos por ellos mismos más adelante”, sostiene Gladis, maestra de pre-escolar en el Isaac Rabin.
González reconoció que ante la falta de pasos elevados peatonales, la instalación de semáforo para peatones representan una alternativa para los transeúntes.
Sobre la falta de señales para los automovilistas, indicó que la entidad es consciente de esa situación y que se realizan esfuerzos para reinstalarlos, una vez reciben la denuncia de que han sido derribados o hurtados.
El funcionario sostuvo que algunas son derribadas producto de accidentes de tránsito, otras sencillamente son vandalizadas por sujetos que no tienen nada que hacer o son hurtadas por ociosos que se las llevan a sus casas.
Aclaró que las personas que son detectadas destrozando estas señales, son conducidas a la corregiduría pertinente para su debida sanción.
"El problema es que la ATTT sólo cuenta con 25 inspectores en toda la república para supervisar los bienes de la entidad, es decir, hay alrededor de 2,8 inspectores para cada provincia, es por ello que se hace difícil detectar a los responsables", detalló.
Precisó que le han solicitado supervisores en este sentido al Tránsito de la Policía Nacional, pero le informan que ellos tampoco tienen suficientes funcionarios para tal fin, aparte que los existentes se encuentran ocupados.
Acotó que los costos de estas señales oscilan entre los 120 balboas las más sencillas, y los mil 800 las más grandes.
Sobre este particular, el presidente de la Asociación Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), José Batista, reveló que en este país durante años se ha estado legislando para que se construya más calles para los autos y se han olvidado de los espacios para la circulación peatonal.
Manifestó que en este país no se le deja espacio a los peatones, quienes son la mayoría, pues, los menos son los que tienen autos.
Según las últimas cifras de la ATTT, hasta ayer se habían registrado 113 muertes por atropellos, de un total de 306, siendo éste el principal causante de pérdidas de vida en las carreteras.