En el año 1996, una nueva estrella empezó a brillar con sus actuaciones y era nada más y nada menos que Viola Davis, quien debutó ese año con el filme "The substance of fire".
Desde ese entonces su nombre ha sido uno de los más cotizados de Hollywood por su gran talento, tanto así que fue galardonada a mejor actriz en la pasada entrega del Óscar por su actuación en la cinta "Fences", junto a Denzel Washington. Pero no todo fue gloria
Así comenzó todo
La infancia de esta actriz de 51 años, originaria de Carolina de Sur, estuvo marcada por las carencias y la pobreza.
Davis nació en una vivienda con una sola habitación en la granja que pertenecía a su abuela. Su familia había sido esclava en el pasado. Más tarde se mudó con sus padres y sus cinco hermanos a Rhode Island.
Esa época la recuerda especialmente dura, pasaron hambre, vivían en una casa en ruinas, y sufría racismo y acoso en la escuela.
"Siempre supe que era la más pobre de la gente que me rodeaba. Nuestro ambiente y nuestro espacio físico reflejaban el poder adquisitivo de mi familia. Las tablas hacían de paredes. Las tuberías eran de mala calidad. No teníamos teléfono ni comida", dijo a la revista People.
Uno de los episodios más duros que recuerda es la época en la que tenía que ponerse harapos en el cuello y en las muñecas para evitar que las ratas se comieran trozos de su piel.
La intérprete solamente tiene una foto de su niñez, en concreto una que le hicieron en la guardería. No tiene más recuerdos gráficos de su infancia porque su familia no podía comprarse una cámara de fotos.
La perseverancia con la que Viola fue abriéndose poco a poco camino, primero en el teatro y más tarde en el cine, provenía de su determinación a la hora de escapar de la pobreza.
La primera actriz negra en ganarse un Óscar está casada con Julius Tennon, el amor de su vida y padre de su hija adoptiva Génesis.