Rossana, una mujer italiana que vive con una pensión de sólo 150 euros, come desde hace un año "de gorra" en los más caros restaurantes de Roma, para desesperación de los "timados" que ven cómo la Policía no puede hacer nada.
Las estafas de Rossana no se limitan sólo a los restaurantes, pues para entrar en ellos se presenta perfectamente arreglada, peinada y maquillada, para lo que usa su misma técnica en centros de masaje y de belleza.