A través de la historia, a las mujeres les ha tocado demostrar más veces que a los hombres, cuánto valen y las capacidades que tienen para desenvolverse en cualquier medio.
Del mismo modo y gracias a la herencia cultural de los antepasados y a los esquemas sociales establecidos a través de los años, las mujeres han sido relegadas a cumplir con papeles de menor trascendencia en el mundo, lo que no significa que no sean importantes las labores de mamá o de ama de casa que generalmente hay que cumplir.
Pero, gracias al cambio de las épocas y al pensamiento abierto de una sociedad que se mueve en diferentes direcciones, las mujeres van ganando el estatus que merecen: Al lado, no encima ni por debajo del hombre, a su lado, como verdaderos compañeros de equipo.
Sin embargo, en muchos países del planeta y en algunos medios como los rurales por ejemplo, las mujeres siguen perteneciendo a las sombras, donde son subvaloradas y nunca tenidas en cuenta para pensar y obrar por sus propios medios, siempre sometidas a las decisiones de los hombres.
Y aunque no lo creamos, aún en los espacios cotidianos de las oficinas, colegios o universidades por ejemplo, en países democráticamente conformados y libres, algunas mujeres pueden ser víctimas de la discriminación.
Lo primero es ponerle la cara al asunto cuando te sientas discriminada. No te quedes callada y expresa tu descontento. Hazle frente a las burlas y de una manera más educada que ellos, diles que están equivocados y que hombres y mujeres van por partes iguales.
Si tienes hijos, recuerda que el ejemplo es para ambos, es decir, no puedes criar a tus hijos hombres de un modo más liberal, mientas que las niñas se queden con la parte casera y reservada. De este modo, aprenderán también a tratar por igual a los demás.
Si eres discriminada en tu trabajo o en tu estudio por ejemplo, utilízalo como aliciente para mejorar cada día, de este modo, cuando te pongan a hacer un trabajo que los demás creen que no serías capaz, esfuérzate y cumple con él de la mejor manera.