Deslumbrados por una falsa estrella de luces de colores y toda clase de fantasías, los cristianos nos estamos alejando, casi sin darnos cuenta, del recto camino que conduce a Belén.
No en vano nos advierten San Juan e Isaías: "Preparad el camino del Señor y enderezad Sus sendas" pues es difícil no desviarse cuando en cada cruce nos detiene un viejo con barba blanca y gorra colorada y nos señala con aparente conocimiento una vía de Una Sola Dirección: un sofocante materialismo por el que llegamos, después de agotadoras jornadas de fiestas y compras, a una celebración sin sentido, a una Navidad sin Niño.
Como país abierto y acogedor a todas las influencias, somos particularmente vulnerables a perder nuestras tradiciones culturales y religiosas, lo que nos debe motivar a ser celosamente activos a conservarlas y defenderlas. No hay grietas pequeñas que no puedan convertirse en serias e irreparables rajaduras, como tampoco hay esfuerzo perdido, aunque parezca pequeño, para apuntalarlas a tiempo.
Desde hace unos años, venimos observando una de esas grietas en las tarjetas de Navidad que, como es lógico, ha mostrado siempre figuras alusivas a la ocasión: la estrella, los ángeles, los reyes magos, el pesebre, los pastores, y sobre todo, la Virgen y el Niño. Pues bien, poco a poco, ellos se han visto suplantados por toda clase de animales, cacharros de barro, flores, frutas, totumas, paisajes nevados, etc. Inútil buscar al Niño, que lo mantienen totalmente ¡secuestrado!
En diciembre pasado, vimos dos tarjetas que violentaron nuestra tolerancia: un perro con gorra de Santa Claus montando en una bicicleta y otra de Mr. & Mrs. Santa Claus que tal vez este año nos sorprendan y celebraremos el nacimiento de un Santa Clausito.
Consideramos que estamos llegando a límites insoportables, francamente burlones y ofensivos a nuestros sentimientos religiosos. Nos toca a los cristianos exigir mayor respeto para el ministerio más grande de nuestra Fe, evitando que la Navidad se convierta en una gigantesca feria comercial, ajena a toda espiritualidad.