"Mamá, yo creo que debo darle gracias a Dios porque tengo mi cuerpo completo". Estas palabras dichas por cualquier persona, implican madurez, respeto hacia la bondad y sabiduría del Padre Eterno y Todopoderoso. Cuánto más si provienen de un niño de seis años que por un problema en la rodilla no puede caminar, correr, jugar con otros niños y dar rienda suelta a la energía propia de su edad.
Christopher González Rodríguez, es un niño discapacitado que recibe atención y tratamiento en el Centro de Rehabilitación para Impedidos, CRI. Estas palabras le salieron de lo profundo del corazón y las dijo con la ingenuidad que caracteriza a los niños, pero también con la sinceridad propia de esta edad.
Cuando Christopher pronunció estas palabras ya habían desfilado ante sus ojos más de 25 niños y niñas discapacitados/as como él y en la sala contigua al consultorio y cerca de él otros y otras esperaban su turno mientras sus familiares llenaban con la ayuda de profesionales del CRI los formularios con las generales de los y las pacientes (su nombre, nombre de los padres o tutores, dirección, teléfono, diagnóstico de los niños, si eran o no alérgicos a medicamentos, a quién llamar en caso de urgencia....).
En esta jornada de amor participaron también la Licda. Miriam de Luque, Directora General del CRI; Ana de Poveda, Jefa de Fisioterapia; Dra. Gladys Rumbo, Fisioterapista; Licda. Dora Saavedra, Fisiatra y Licda. July de Puleio, Relacionista Pública.
Como él, son niños y niñas con diversos problemas en busca de tratamiento. De una oportunidad para rehabilitarse con el apoyo de la Fraternidad Shrine, que desde hace 80 años brinda una mano amiga a la población infantil discapacitada y víctima de quemaduras de distintas partes del mundo.
Con su sede en Tampa, Florida, Shrine cuenta en los Estados Unidos con 20 hospitales ortopédicos y 3 para quemados y laboratorios de reconstrucción de piel. Además, con un equipo de psiquiatras Shrine trabaja en levantarles el ánimo, la autoestima y ayudar a los pequeños/as pacientes a superar traumas producto de su discapacidad, la que puede haber sido heredada o adquirida (debido a enfermedades o por accidentes), pero que no debe ser una condición a la que estos niños y niñas deban hacer frente solos/as y por esto es que se une a los padres y familiares de ellos/ellas y a quienes como el CRI y otras instituciones y ONGs los/las acompañan en estas difíciles pruebas de las que han de salir airosos/as.
Melvin Nickell y Arturo J. Kerr, nos hablan de la Fraternidad Abou Saad cuya filosofía es servir a la niñez discapacitada para ponerle alas a sus esperanzas, para reafirmar su fe de que sanarán o por lo menos podrán ganar un mayor nivel de independencia como seres humanos en una sociedad en donde quien no clama justicia y reclama sus derechos corre el riesgo de quedarse al margen del desarrollo en tiempos en que el mundo se tiene relativamente al alcance de la mano.
Fue importante que este mensaje de optimismo viniera de boca de Christopher, el niño sonriente y conversador que con sus ojos analíticos observaba a los otros pacientes y tuvo tiempo para dar las gracias a Dios porque le dio la vida y mientras haya vida hay esperanzas de un mañana mejor.
Las palabras del presidente de la Fraternidad y otros colaboradores fueron reconfortantes como las de los médicos y enfermeras que a través de un traductor y también por medio de una mano cariñosa que posaban en el hombro de los y las pacientes les trasmitían seguridad de que ellos/ellas también tienen derecho a un arco iris en su vida.
En el programa de asistencia a Panamá Shrine tiene 124 niños y niñas de distintos puntos de nuestro país con problemas ortopédicos y hay 12 nuevos candidatos. Algunos/as de los que estaban en el CRI el sábado pasado ya se han beneficiado con prótesis, operaciones u otro tipo de tratamiento y ayuda de Shrine.
Todos los veranos es esperado en Panamá (donde también hicieron evaluaciones de casos en el Hospital del Niño) con ansiedad y mucha fe este grupo de personas y profesionales de muy buena voluntad que siembran esperanzas entre la niñez discapacitada y familiares que como ellos aspiran a ver a este sector de la población infantil "caminar" por sus propios pies.
Cuando viajan a los Estados Unidos a recibir tratamiento Shrine corre con todos los gastos y durante la hospitalización de los y las pacientitos/as, les tienen disponibles instructores para darle seguimiento a las clases, de forma que no se atrasen y puedan reincorporarse al aula cuando vuelven a Panamá a casa. Hay niños que hasta regresan hablando inglés.
Por su parte, el Sr. Julio Aquin, que en Panamá es el que sirve de enlace entre el CRI y Shrine, dijo que "el objetivo es tratar de rehabilitarlos y esto incluye hacerlos sentirse más seguros, es una terapia física y mental la que reciben. Se le pone la prótesis y se les apoya con el equipo y terapia para que puedan valerse por sí mismos y sientan que pueden tener parte en la sociedad y no sólo quedarse mirando pasivamente".
A algunos no los llevan a los Estados Unidos, pero le brindan apoyo al CRI en el tratamiento que les brinda esta institución en Panamá. En 1998 se beneficiaron con las acciones de Shrine 105 niños y niñas panameños/as que fueron examinados/as y recibieron tratamiento. La mayoría tiene problemas con las extremidades, columna, parálisis cerebral.
Shrine siempre deja una huella imborrable, buenos recuerdos y pone en vigencia las palabras de Jesucristo de hacer el bien por el mero hecho de sembrar bienaventuranzas por donde posa el pie. En esta ocasión los benefactores directos fueron el Dr. Richard Mc Call, Director Médico del Shrine Hospital For Children de Shreveport; Dr. Thomas C. Nitchell, las enfermeras Lisa Sirman y Beverly Cridon; la Jefa del Departamento de Trabajo Social, Hilda Holder. A ellos y el resto de quienes conforman la Fraternidad les complace servir a la niñez discapacitada para ayudarle a quitar los "cardos y ortigas" que pudieran herirle en su trayectoria por el mundo en donde la desigualdad es una realidad vergonzosa que desdice mucho de la humanidad y el ser discapacitado/a es un estigma que todavía sigue marcando a gran parte de la población.