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- “La ventana abierta es la posibilidad de salvarse a través de la cultura y el arte”, expresó A. Badano.
- Gutiérrez resaltó “las maravillosas descripciones de la flora y fauna de su país, que hace Itzel”. Añadió que le hicieron recordar a Borges, Carpentier y Paul Whitney. También dijo que en la obra pudo apreciar varias Panamá: Puerto, razas, la verde...
- “La sensualidad y el erotismo no podían faltar en esta obra”, recalcó, y agregó: “con el tiempo juega magistralmente la autora, al extremo de llevarnos a la intemporalidad... Como si la historia se hubiera grabado en el infinito río de Heráclito.”
- Según Badano, Itzel procuró no hacer una historia endógena de Panamá, sino una que se vincule a la historia continental. Destacó que la obra culmina con dos hechos violentos: la dictadura chilena y la invasión a Panamá por Estados Unidos.
Es una espléndida obra. No tiene precedentes. Como decimos en Nicaragua, ‘este es un tronco de libro en el que vale la pena gastar dinero’, expresó el escritor Diego Gutiérrez, de Nicaragua, acerca de “Las mujeres que amaron a Tino Hunter”, de la connotada periodista panameña Itzel Velásquez.
La gala de la publicación de Editorial Random House Mondadori, bajo el Sello Lumen, se dio en ausencia de la autora, el 18 de diciembre en el Hotel Sheraton, ante cientos de amigos, intelectuales, familiares y público ávido por leer buenos libros como este, que presenta acontecimientos histórico-políticos que marcaron a nuestro país y al continente en el siglo XX.

Itzel Velásquez utiliza todas las herramientas y técnicas de la narrativa moderna, dijo Gutiérrez, quien llamó la atención sobre la cantidad y heterogeneidad de personajes -más de 150- cuyos perfiles psicológicos, destacó, están bien delineados: médicos, enfermeras, santeros, brujos, hechiceros, prostitutas, embajadores, guerrilleros...
Alondra Badano, por su parte, se refirió al manejo del tema de la naturaleza por Itzel. Expresó: “La potencia de esa naturaleza es abrumadora. Es una naturaleza que nos arrolla, que tiene una potencia, que tiene una peligrosidad”.

También analizó la manera en que en “Las mujeres que amaron a Tino Hunter” (un paciente con lepra que vivió y murió en el Hospital de Palo Seco, en la antigua Zona del Canal), maneja el tema del dolor. Porque, recalcó: “esta es una novela de dolor, también”, y leyó dos epígrafes, uno de Carlos Fuentes y otro de Alberto Dutary, con los que se inicia la novela, donde, afirmó, Itzel trata el dolor corporal y el dolor social.
“El dolor social está metaforizado y desfigurado en la figura de nuestro personaje”, puntualizó.
Destacó como Itzel trabaja el problema del cuerpo. “Lo vincula a una especie de culpa que tenemos que pagar”, dijo, y agregó: “como en nuestro imaginario Judeo Cristiano.”
Los presentadores recalcaron que la vieja ventana abierta en casa de Marijose (la madre de Tino) es un símbolo clave, que usa magistralmente la autora a través de la obra.