Que “el periodista sólo tiene un amo a quien respetar, su lector, que nuestro juez es la sociedad, no es el gobierno, no es el arzobispo, no es el comandante, no es el gerente, ni el director. Tenemos que responderle es a las expectativas de la sociedad. Tenemos un compromiso con la verdad, debemos estar consciente de que a partir de la verdad que yo estoy defendiendo se forja la libertad de los pueblos y yo soy productor de libertad a través de la información que permite tomar decisiones libres”.
Lo anterior fue parte de lo que planteó el periodista Javier Darío Restrepo en la Conferencia Magnífica “Ética y periodismo político”, que dictó en el City Club, la mañana de ayer, en el marco de actividades conmemorativas del Día Mundial de la Libertad de Prensa.
“Hacer electores libres”, enfatizó, es el tercer objetivo del periodismo político.
Destacó que el periodista debe evitar la radicalización de la opinión, situarse en la zona intermedia entre el fanático y el contrafanático, para ayudar a buscar solución, porque, “los que están atrincherados nunca buscan soluciones, buscan atrincherar al contrario”.
En su conferencia “Ética y periodismo político”, explicó que a ese lector y ciudadano libre que tiene información integral (que es como la carne cruda), no necesariamente conocimiento (que es la información que ha sido procesada, que ha pasado por el tamiz del periodista) es a quien debe ayudar para que al momento de votar no lo haga gregariamente respondiendo al grito de una bandera, consigna o personaje, sino conociendo la bondad y límites de un programa que se le presente. Es decir, para que el suyo sea “un voto inteligente” y no uno “intuitivo”.
“Las sociedades que se fundan en las armas o en el dinero son frágiles, en una democracia los gobiernos se apoyan en la palabra, como nos enseñó el ágora ateniense”.
También expresó que el periodista tiene que responder tanto por lo que publica como por lo que calla, que el periodismo es un espejo inteligente de la sociedad, es una profesión del espíritu.
“Somos trabajadores del espíritu. Manejamos la palabra y la palabra es la demostración más clara de la existencia del alma. Si no hubiera alma no hubiera palabras. Los lingüistas se sorprenden cuando se dan cuenta de que están cara a cara con el espíritu”.
Añadió que “para fortalecer la palabra hay que fortalecer el espíritu”.
También expresó su preocupación porque “se hace mucho énfasis en la técnica y muy poco en la formación del espíritu del periodista”.
Recordó que “democracia es efervescencia de las palabras, que es efervescencia de las ideas, que es efervescencia del espíritu”.
Citó a M. Castells con quien se identifica en su afirmación categórica de que “En la segunda mitad del Siglo XXI quien gane la batalla de las mentes gobernará”.
También dijo que los periodistas “somos notarios de la esperanza popular y nos convertimos en la memoria de la población”.
Otro mensaje orientó respecto de “cómo enfrentar esas murallas de hormigón de los intereses que hay en un medio”, cómo evitar caer en el periodismo superfluo: “con disciplina, perseverancia y evitando que su conciencia sea contaminada”.