Averigüe qué le hace feliz. Cada persona es diferente y encuentra la felicidad en cosas diferentes.
Planee una estrategia para lograr las cosas que le hacen feliz.
Rodéese de gente feliz, es fácil pensar negativamente si la gente que le rodea lo hace.
Cuando algo vaya mal, intente solucionarlo en lugar de tener compasión de uno mismo. La gente verdaderamente feliz no se deja afectar por las circunstancias.
Invierta cada día unos minutos en pensar en las cosas que le hacen feliz. Estos minutos le darán la oportunidad de centrarse en las cosas positivas en su vida.
Dedíquese tiempo, tomar un baño agradable o simplemente dedicar más tiempo a su apariencia le hará sentirse mejor consigo mismo.
Encontrar el humor en ciertas situaciones puede también conducir a la felicidad.
Mantener su salud es otra manera de alcanzar felicidad. El ser gordo o no comer los alimentos nutritivos puede tener un efecto negativo en su humor. Además, es sabido que el ejercicio genera una substancia llamada endorphins, que le proporciona sensación de felicidad.
Debe entender que usted merece la felicidad. Es difícil de definir, pero todos o casi todos podrían decir si son felices o no.
Aunque la ilusión de muchas personas sea que les toque ganarse la lotería en grande, la realidad es que luego se comprueba que aquellos a quienes les ha tocado esa suerte no son, al poco tiempo, más felices que antes.
Una vez se tienen resueltas las necesidades básicas, cada uno tiende a adaptarse al nivel económico que tiene, y su felicidad apenas depende del nivel en que está situado.
Es verdad que una mejora de nivel económico suele repercutir en el sentimiento de felicidad, pero esa impresión suele durar poco.
El dinero no parece colaborar mucho con sentirse feliz. Tener un gran talento, y buena salud, un gran atractivo físico, tampoco puede considerarse el eje de la felicidad: indudablemente pueden favorecerla, y crear un clima propicio para sentirse feliz, pero no siempre es así.
Como escribió Séneca (filósofo romano): "Todos los hombres quieren ser felices, lo difícil es saber lo que hace feliz la vida". Hay que acertar en esa búsqueda, quien no lo hace se pasa la vida esperando lo que nunca llega.
Según el economista Tibor Scitovsky en su libro The Joyless Economy, muchos de los placeres de la vida ni se compran ni se venden. Entre ellos, afirmó, están la satisfacción con el trabajo, la amistad, los placeres de la meditación personal, la lectura y otras formas de esparcimiento no comercial.
Estudios tienden a dividir las fuentes de bienestar en dos categorías: circunstancias externas, como las actividades de tipo social o la vida familiar, y disposiciones internas, como la autoestima o el sentimiento de que uno es responsable de su propio destino.
En cuanto a la primera, los estudios coinciden en que una vida familiar satisfactoria es el elemento que contribuye en mayor medida al bienestar. Las alegrías que reporta la amistad ocupan, a menudo, la segunda posición. El número de amigos que un individuo posee es mejor indicador de bienestar que la magnitud de sus ingresos.
Un trabajo satisfactorio y los momentos de ocio ocupan casi siempre la tercera y cuarta posición. Por extraño que parezca, ninguno de estos dos factores están relacionados con los ingresos.