Él está frustrado y por ello, se inscribió en un gimnasio. Alza pesas cinco veces a la semana en un promedio de 2 horas diarias.
Esta obsesionado con verse musculoso, se mira constantemente al espejo, se pesa todos los días, ha abandonado casi todas las actividades sociales, se dedica por completo al gimnasio y a entrenar sin un objetivo claro, ingiere dietas ricas en proteínas, demasiado interés por anabolizantes y demás productos dopantes..
Es muy probable que Luis Manuel padezca un serio trastorno: la vigorexia.
Hace 11 años el psiquiatra Harrison Pope, de la Facultad de Medicina de Harvard, fue el primero que reconoció la vigorexia como una nueva enfermedad mental. En la revista "Psychosomatic Medicine", un artículo concluyo que aproximadamente un 10 por ciento de las personas que van a un gimnasio padecen de vigorexia.
El doctor Pope situó a la vigorexia como una dismorfia muscular, es decir la obsesión enfermiza por una parte del cuerpo, y determinó que es el lado opuesto de la anorexia.
Los anoréxicos perciben el cuerpo como demasiado grande y se esfuerzan por alcanzar una figura casi cadavérica, los vigoréxicos por el contrario, creen que están siempre excesivamente delgados, aunque posean un cuerpo muy musculoso. Ambos males impiden a la persona llevar una vida normal.
Los hombres son más frecuentes en padecerlo que las mujeres. Ellos en su afán por alcanzar una musculatura similar a la de Schwarzenegger, no sólo viven en el gimnasio, sino que siguen una dieta estricta para ganar masa muscular y se automedican con peligrosos anabólicos.
Se han encontrado abundantes evidencias sobre los perjuicios que el uso de anabólicos y esteroides causan al cuerpo y a la mente de sus consumidores. En los hombres, aunque son derivados de una hormona sexual masculina, la droga puede afectar el funcionamiento del sistema reproductor.
Entre sus efectos se encuentran: atrofia de testículos e hipertrofia prostática (ambos implican graves riesgos de cáncer), reducción de la producción de esperma, impotencia, calvicie y desarrollo de pechos. Además, puede afectar al autocontrol de la agresividad y el manejo sexual.
Además, se ha demostrado que entre sus efectos perjudiciales predominan: la ictericia, acné, dificultades respiratorias, hinchazón y edema (acumulación de líquidos) en articulaciones. El aumento de presión arterial se encuentra involucrado en el abuso de estas sustancias.
Raúl Castro tiene 32 años y dedica mucho tiempo a ejercitarse , entre tres y cuatro horas diarias, lo cual le resta de sus labores u ocupaciones cotidianas. Él asegura que esta situación es normal y jamás ha pasado por su mente que sea un adicción por la actividad física.
Victorio Vásquez con tan sólo 19 años, se inyecta esteroides y sigue dietas bajas en grasas y ricas en hidratos de carbono y proteínas para aumentar la masa muscular. Su padre ya le aconsejó que cambiara su actitud. Él reconoce que tiene los síntomas de un vigoréxico.
Estos hombres y mujeres se obsesionan con un ideal estético imposible de alcanzar y sufren día a día la tortura de no gustarse a sí mismos. Estas son algunas pautas que determinan a un vigoréxico.
Baja autoestima.
Introvertidos.
Preocupación por la figura.
Poco atractivo para el sexo opuesto (al menos para el afectado).
El conjunto de estos síntomas puede indicar que la persona padece esta enfermedad mental:
Hacer gimnasia más de una vez por día.
Realizar ejercicios todos los días.
Dedicarle al gimnasio más de una hora o dos por día.
Terror de engordar.
En el desarrollo de esta enfermedad cuenta el culto al cuerpo, los cánones de belleza modernos, entre otros factores socioculturales, también están relacionados con desequilibrios de diversos neurotransmisores del sistema nervioso central, y más concretamente de la serotonina. La terapia fundamental es de tipo sicológico. También se puede recurrir a fármacos recetados por un especialista. El objetivo de acabar con esta enfermedad se logra cuando se modifica la conducta del sujeto, recuperando su autoestima y superando el miedo al fracaso.
Está bien cuidar el cuerpo haciendo ejercicio, pero no exageres. Si presentas los síntomas, acude a un médico. Recuerda que tu salud es más importante que la belleza de tu cuerpo y si la conservas siempre te lucirás súper bien.
Imagine que usted es un niño con un problema oftalmológico y, para tratarlo, le dan a elegir entre usar un parche en el ojo por muchas horas, o pasar una tarde frente a la computadora con un videojuego. Según una investigación reciente, la segunda opción podría convertirse en una cura real para la ambliopía, o mal del ojo perezoso. Un equipo de científicos de la Universidad de Nottingham, en Inglaterra, está realizando pruebas con juegos de realidad virtual, que generan ambientes en tres dimensiones sobre la pantalla y permitan ejercitar el ojo enfermo.