Él es considerado uno de los pianistas más exigentes de nuestros tiempos. Danilo Pérez demostró el miércoles en la ciudad de México, junto con el trío Childrens of the Ligth, por qué es tan obsesivo y perfeccionista con el buen sonido de su instrumento musical preferido: su piano.
“¡Algo no anda bien con este piano!”, expresó el panameño en las pruebas de sonido, justo antes de su presentación a las 10:00 p.m. Decidió no ir a comer con sus dos amigos, el bajista John Patitucci y el baterista Antonio Sánchez, y se pasó toda la tarde tratando de resolver el asunto, pero todo no acaba allí, el jazzista, en medio del show, no se sentía a gusto con lo que escuchaba, por lo que se levantó de su silla y pidió arreglos en su piano, otra vez. Sus amigos se notaron sorprendidos. Después, lo probó y el espectáculo continuó.
Él sabía por qué lo hacía. Encantó y enamoró al público.
“Obsesión es una buena palabra”, aseguró sonriendo el pianista panameño en una entrevista con el diario El Financiero. No es fácil ser así, admitió. “Me ha cambiado la vida, porque mi esposa es musicoterapeuta, me ha ayudado muchísimo. Ahora, la música es como una terapia y este tema de la obsesión se ha estado mejorando. Es una tendencia probablemente desde muy pequeño”.
Su perfeccionismo y obsesión lo heredó de sus maestros, el legendario trompetista Dizzy Gillespie y el saxofonista Wayne Shorter. Esto lo llevó a crear la única fundación -escuela de jazz en nuestro país.
Danilo no solo se considera obsesivo por el sonido, sino también por querer que Panamá algún día sea la capital del jazz.