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¡Ojo con la doble moral!


"Si usted cree en un Dios que es Todopoderoso, ese Dios, los principios no los va a negociar", afirmó la psicoterapeuta Lizeyca Villamil.
Ella considera importante que las personas estén conscientes de que es necesario comprender que "los valores no se enseñan, sino se modelan".
"Uno no puede separar el hacer del ser. O sea, que todo lo que usted hace y dice tiene que ser cónsono, no debe haber discrepancia", manifestó.
Planteó, además, que hay que hacerse un examen interno y tratar de vivir una vida ética y responsable: actuar por convicción y no por imposición, moda o tradición
"Esto no va a ser fácil y uno va a experimentar críticas", acotó Villamil, quien dijo que por ejemplo en el caso de Semana Santa, no es asunto de estar creyendo principios que son tradicionalmente adquiridos, pero no han sido analizados y asimilados, porque entonces no es de sorprenderse que "esos conceptos tradicionales cuando llega el momento de la tempestad se vuelven arena, a diferencia de cuando hay una fe bien cimentada en el conocimiento de la Biblia. Pero, agregó que lo que pasa es que como seres humanos somos cómodos y estamos prontos a criticar, pero reacios a que se nos critique.
Y, según dijo, un ejemplo típico es el tema de la corrupción. "Hablamos mucho de corrupción; siempre cuando de ese tema se trata, queremos hacer un análisis externo. Pero, no nos damos cuenta de que la corrupción no es sólo a niveles grandes, sino también comienza desde el momento en que usted coge un lápiz, porque hay muchos donde usted trabaja y como trabaja muchas horas y le pagan mal entonces usted siente que tiene el derecho de coger ese lápiz".
O sea, según planteó, todos en alguna manera u otra hemos sido partícipes en un acto de corrupción. Pero, como es más cómodo, es más seguro señalar a los demás, en vez de optar por hacernos un autoanálisis que nos mostrará a nosotros mismos tal cual somos, que nos hará ver cosas de nosotros que no nos gustan. Como mecanismo de defensa, nos desplazamos y vemos lo horrible que está allá afuera, pero jamás nuestras fallas.
La especialista reflexionó respecto a que si todos comenzáramos desde el círculo donde nos movemos (hogar, comunidad, centro laboral, nación...), a hacer ejercicios de ética para saber si nuestros valores y principios son sólidos o endebles, para determinar si para nosotros lo ético y lo bueno es permanente o circunstancial, si estuviéramos dispuestos a soportar el escrutinio público, a exponer a la luz pública nuestra vida, las cosas serían diferentes.
"Somos seres humanos y vamos a equivocarnos y habrá momentos de tentación. Necesitamos alrededor personas que compartan nuestros principios y también quienes nos orienten y nos ayuden a darnos cuenta cuando estamos equivocados para que podamos cambiar, mejorar", dijo.
Añadió que, sin embargo, "a veces nos quedamos enconchados y tenemos una doble vida, porque la gente no quiere ningún compromiso, y ser responsables de tener una vida ética es un gran compromiso".
Por otra parte, añadió que "El hecho de que no estés bajo un principio o valor no te hace libre. Eres esclavo del libertinaje".
Ella siguió su reflexión diciendo que nos conformamos entonces con ampararnos en frases como "yo hago las cosas después de que no le afecte a otro, o, yo no me meto en esto siempre y cuando no me afecte a mí", pero eso es una falacia, porque si vivo en sociedad, lo que yo haga afectará a otros y lo que los otros hagan evidentemente me afectará a mí".
Válido es recordar que "aunque vivamos en un mundo en que pareciera ser que todo es lícito, no todo es permisible a los ojos de Dios", añadió y enfatizó en que "derechos y deberes van estrechamente ligados y que esto hemos de asimilarlo para poder que haya más concordancia entre lo que decimos y lo que hacemos, porque nos quejamos mucho de los niños y los jóvenes, que hacen y deshace, pero no nos damos cuenta de que son el producto de nosotros".


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115808
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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