El consejo original sugería que alimentos como mantequilla, carne, quesos y huevos podían comerse “libremente”. Ahora sus promotores son más cautelosos y aseguran que el consumo de grasas saturadas debe ser limitado.
Collette Heimowitz, directora de Investigación y Educación de Atkins, indicó que la especificación pretende echar luz sobre la aproximación correcta a la dieta.
“Los medios y los detractores de nuestro producto a menudo lo sensacionalizan o simplifican como la dieta en que puedes comer toda la carne que quieras, pero eso nunca ha sido así”, asegura Heimowitz.
Un portavoz del brazo británico de la empresa explicó que “se trata de reducir los carbohidratos, pero no todo se limita a devorar carnes rojas”.
“No todas las grasas son malas, pero, más que cualquier otra cosa, deben consumirse con moderación”, señaló el vocero.
El cambio de ángulo vendrá como anillo al dedo a los expertos en nutrición que afirman que las dietas altas en grasas son peligrosas para la salud. La Agencia de Normas Alimentarias británica, por ejemplo, había expresado su preocupación acerca del espíritu de la Atkins, que restringe notablemente la ingestión de carbohidratos, como pasta, arroz y pan.
Un portavoz de este organismo indicó que “ningún grupo de alimentos debe ser cortado. La idea es mantener un equilibrio, lo que significa muchas frutas, vegetales, pan y cereales y menos grasas, sal y azúcar”.
Millones de personas en todo el mundo han hecho la dieta Atkins y muchas aseguran que las ayudó a perder peso con efectos secundarios mínimos. O inexistentes.
Y, también añaden que, de paso, al incentivarlas a comer alimentos frescos y prohibirles los altamente procesados les mejoró la salud en general.
Frotar aceite de lavanda en las sienes.
Tomar té de diente de león, jamaica, cola de caballo.
Ingerir diente de león, ortiga (en té) y cilantro que son hierbas ricas en hierro.
Tomar la cantidad necesaria (indicada por el doctor) de vitamina C, hierro, ácido fólico, calcio y/o un complemento multivitamínico.
Tome un baño de tina con infusión o aceite de lavanda y bálsamo de limón, que calman los nervios y relajan los músculos.
Masaje con aceite de manzanilla o mejorana.
Té de manzanilla.
Manzanilla, diente de león, ortiga o regaliz, tomar tres tazas de té al día.
Baños con aceite de geranio.
Agregar unas gotitas de aceite de canela a media taza de agua fría y aplicarla en compresas.