En la fila de un banco se encuentran una madre y su hija pequeña. La niña toma una pastilla que le brindan, pero no conforme, pide más. Ante esto, su madre se niega y la infante amenaza con formar una pataleta, ya que ella sabe que eso la avergonzará. Cumpliendo su palabra, la niña rompe en llanto e incluso, al ver que no se le presta atención, dice intimidades que de su hogar. La madre, muy apenada, no resiste la escena y sale del banco.
Esta es una de las experiencias que el psicólogo Fernando Gómez ejemplarizó sobre cómo los niños estructuran berrinches con el objetivo de ejercer presión en sus progenitores para obtener lo que desean.
"Me siento frustrada, porque no puedo corregirlo. Si le pego está mal y si lo regaño empieza a llorar", así describe su sentir Zenaida Fossatti, madre de una pequeña de dos años. "Si te lo hace en la calle, entonces, mueres de vergüenza, porque las personas te juzgan y dicen: tienes que disciplinarlo".
¿Qué hacer?
La psicóloga infantil Genevieve Barb nos explicó que son conductas propias en edades entre los 2 y 3 años y medio, periodo en el que los niños se resisten a la autoridad, por lo que no hay por qué alarmarse.
"Ser padre es un proyecto de vida. Lo que plasmes en ese proyecto se va a reflejar a futuro", explicó el experto Fernando Gómez, quien hace las siguientes recomendaciones a la hora de la crianza:
1. Concordar en el estilo de crianza: Es importante que los padres lleguen a un acuerdo sobre los métodos que utilizarán en la crianza del niño, así como en establecer las consecuencias si se rompen las normas del hogar.
2. Preparar a los niños para el mundo: Un niño al que se le da todo - que no se gana nada - crea un falso concepto de que todo se obtiene fácil, "la sociedad no te regala nada", dice Gómez.
3. Cumplir promesas: Si un padre advierte a su hijo sobre un castigo que ejercerá y no lo cumple, hace ver al niño que sus actos no tienen consecuencias "Las promesas falsas son fatales para el proceso de crianza".
4. No darle mayor importancia: Lo mejor es ignorar y no prestarle mayor importancia a las rabietas.
5. Disciplinar: Cuando se crece sin disciplina es difícil adaptarse a las normas de la sociedad, "niños que no aceptan la autoridad del padre tampoco respetan la de un policía".
Castigos (1 a 5 años)
Recomendó el castigo "el tiempo fuera". Este consiste en sacar al niño del lugar donde pasó el incidente por un determinado tiempo. Si tiene 2 años, serían dos minutos, así sucesivamente. Se utiliza esta técnica debido a que los pequeños no tienen noción del tiempo y para ellos dos minutos son eternos. También se recomienda dar reforzamientos y ofrecer si deja de presentar ese comportamiento.
6 a 10 años: La primera opción no es factible, por lo que lo mejor es quitarle lo que le gusta.
Por otro lado, no se recomiendan los castigos físicos. Cada vez que se ejerce esto provoca huellas en la relación del adulto y el niño. "Lo que se crea es una disfuncionalidad en la relación de ambos", agregó Barb
¿Cuándo alarmarse?
Las rabietas no surgen porque sí, ellas tienen un motivo específico y en la mente del niño eso es de vida o muerte. Si él, sin ninguna razón aparente, se molesta y es autoritario, no es normal, conlleva algo más. "Hay veces que los niños están sufriendo abusos en la escuela, en la propia casa o en el vecindario; no entienden cómo manifestar eso y simplemente ves al niño molesto, triste o cansado", nos comentó Fernando, mientras hace un llamado a que los padres observen este tipo de comportamientos.
Los adultos deben preguntar a sus hijos si les pasa algo y brindarles apoyo si viven alguna situación de cambios, como divorcios o mudanzas, que causan estrés en ellos.
Atención médica
Cuando el mal comportamiento persiste y ya se han agotado todos los recursos, (se le ha hablado, se le recuerda lo que tienen que hacer), pero no están internalizando estas normas y se distrae, es muy impulsivo, busca pelea, no entiende las normas en los juegos, no respeta las reglas y tiende a golpear si pierde, podría tratarse de un déficit de atención. Este debe ser diagnosticado por un pediatra neurólogo, junto a una evaluación psicológica exhaustiva, "tiene que ser un trabajo interdisciplinario", recomendó Barb.