Dicha actividad cultural tiene como objetivo primordial reunir a los acuarelistas del mundo, para establecer e incrementar relaciones de amistad y superación técnica, que promuevan en conjunto, el progreso, desarrollo y difusión de esta rama de las artes plásticas.
Para este año la Bienal, celebrada para conmemorar el Día Mundial de la Acuarela (23 de noviembre), será dividida en dos secciones, debido a la gran participación de los profesionales de la acuarela a nivel mundial. La primera parte abrirá sus puertas este 13 de diciembre, y la segunda, el 14 de enero del 2007, en donde participarán los representantes de nuestro país.
Cada país designa a seis artistas, cuyas obras de 22 x 30 pulgadas se envían al Museo Nacional de la Acuarela Alfredo Guati Rojo, ubicado en Coyoacán, México D.F., donde las enmarcarán para su presentación. Diez de las obras entre todas las participantes, de acuerdo con la decisión de un jurado de críticos de arte, se hacen acreedoras a trofeos especiales; se otorga diploma de participación a los artistas invitados y reconocimiento, placa de mérito, a las asociaciones que coordinan el evento en cada región.
Melitón Martín presenta su obra Ensueño N° 2, con la cual reinstaura y recoge impresiones de una naturaleza inquietante y activa. Ericson Bermúdez establece un concepto que representa a la Escuela de Azuero, impetuosos personajes telúricos que se enfrentan en un entorno inclemente y que ha titulado Figuras con Palma Roja.
Por su parte, Osman Samudio, con Hombre, Naturaleza Animal. De la serie Teribe, plasma su talento inspirado en una investigación plástica profundizada en la raíz ancestral.
Luis Treville Latouche, con su estilo en extremo personal, nos devela acciones inusitadas y altamente cromáticas, que devela bajo el título Peces Boquerones de España.
El artista chiricano que impone con tesón y constancia, una impronta de coloratura y vibrante composición, Víctor Aguirre (Chirú), expondrá Serie Reflejos de Casitas; mientras que Manuel E. Montilla, con Poesía Permutante en Zona Roja, alude a la condición de la mujer, víctima, milagrera y verso vivo, en un entorno sórdido, desquiciado, fracturado, donde nos abocamos a un espejo de nuestro mundo inmisericorde.