Sheila Lichacz no es una persona común. Su amor por el arte, por Panamá y por su querida tierra de Monagrillo está reflejado ahora en uno de los museos más importantes del mundo: el Smithsonian de Washington, en Estados Unidos.
Este éxito no había sido saboreado por ningún artista latino en la historia. El destino la llevó a alcanzar la cumbre en noviembre pasado, cuando sus obras (11 en total) comenzaron a ser exhibidas durante la inauguración del Centro de Iniciativas Latinas del museo. La exposición, que debía culminar en el mes de mayo, ha sido extendida hasta diciembre de este año, para que el arte panameño pueda ser admirado por los miles de turistas que anualmente visitan el Smithsonian.
Pero, ¿cómo ocurrió esto? Según la pintora, todo estaba predestinado; sólo bastó una cita con el director del museo y enseñarle el catálogo de su trabajo. La coincidencia jugó un papel fundamental, ya que justamente había planes de abrir un espacio dentro del museo para proyectar las expresiones artísticas de los latinoamericanos.
No hubo mucho que decir, desde el primer momento la panameña presentía que sus obras entrarían por la puerta grande. Y, así fue. Todo parecía estar unido: El Centenario de República, los lazos históricos de Panamá con EU y el descubrimiento de que el conchero de Monagrillo, tendrían de 5,000 a 7,000 años de antigüedad, hacían del trabajo de Sheila Lichacz algo histórico. Esta de más decir que la artista fue elegida para inaugurar el Centro de Iniciativas Latinas del Smithsonian.
El conchero ahora embellece las enormes y llamativas tinajas de tonalidades fuertes que la artista presenta en sus cuadros. Está orgullosa de su trabajo y no es para menos; el reconocimiento habla por ella. Ahora la artista repite con suma alegría: "Yo salvé el conchero"; más que una frase, así denomina uno de sus cuadros.
Entre las obras expuestas sobresalen "De Monagrillo a Caná por Siempre", "Salvemos el conchero de Monagrillo", "Y el conchero de Monagrillo se salvó", "Nuestro Aniversario", "Nuestra Señora del Carmen" y "Todo el Sol de Panamá". Cada uno de sus cuadros representa un lugar que recuerda la artista y que lleva consigo a cualquier parte del mundo, a través de sus pinturas en las que las tinajas son su centro y pedazos de tiestos, su norte.
Sheila Lichacz considera que la pintura es su vida, una necesidad que la satisface y la llena por completo. No es para menos, ya que sus obras han recorrido las galerías y universidades de Estados Unidos, Madrid, Israel, El Vaticano, Costa Rica y, por supuesto, Panamá. Su admirable carrera está unida a una gran espiritualidad y una profunda fe que la mantienen con vida, pese a su delicado estado de salud que la ha llevado a realizarse más de 12 cirugías en el cerebro, que según la pintora, demuestran que ella es un milagro de Dios.