Si la mujer embarazada está acostumbrada a vivir a un ritmo de vida no apto para cardiacos y es demasiado sensible, el bebé podría verse afectado, pero no te apures.
Si la tensión habitual a la que está acostumbrada (el ajetreo del trabajo, las tareas domésticas y en general, la falta de tiempo) le añade el enorme esfuerzo físico y el desgaste psíquico que supone estar embarazada, es candidata perfecta para caer en las redes del temido estrés.
En esta etapa, las posibilidades de sufrir de estrés se incrementan notablemente; no en vano, se trata de una situación nueva que, como poco, te inquieta. La cuestión es determinar hasta qué punto los niveles de estrés, ansiedad e incluso la obsesión por parte de la madre pueden afectar al niño en formación.
Para entenderlo, hay un ejemplo claro: Inquietud sería pensar en alguna ocasión durante todo el embarazo que tu hijo pudiera nacer con algún tipo de malformación (la preocupación más frecuente de las embarazadas), y obsesión sería pensarlo todos los días, a todas horas.
Por lo tanto, ni las obsesiones son buenas (estando embarazada o no) un tampoco las emociones negativas.
Unas y otras te conducen inexorablemente a la ansiedad, que en ningún caso te beneficia.
Durante el embarazo se produce un desplazamiento normal del centro de gravedad del cuerpo, por el aumento de peso, que hace que se resienta la columna vertebral y te provoque molestias en la espalda. El uso de zapatos con tacones altos te obliga a mantener un mayor equilibrio del cuerpo, forzando tu columna y provocando el consiguiente aumento del malestar.
Los zapatos y el calzado deportivo siempre deberán sujetar con suavidad tu pie, sin apretarlo, para evitar que aumente la habitual hinchazón de tus pies durante este período. Debes eludir los materiales sintéticos.
Durante el verano usa preferentemente modelos abiertos, que mantengan frescos tus pies.
Si utilizas calcetines, deben ser preferentemente de algodón, holgados y ligeros.
Si son altos, hasta por debajo de la rodilla, deberás vigilar que la banda elástica que los sostiene no te apriete mucho, ya que impedirá la normal circulación sanguínea de tus piernas y facilitaría la aparición de várices.