"NOS ENCONTRÁBAMOS un grupo de periodistas de diferentes medios, para cubrir el evento, algo atontados, no sé por qué o posiblemente consecuencia de los años.
De repente, divisamos, en el horizonte una nube cubierta de azul, más azul que el cielo; cuando se aproxima, escuchamos un estrépito de voces que gritan en coro (llegamos al aeropuerto) y cada vez que se acercaba nos percatábamos que eran niños, si esos pequeños, chicos de edad pero con un enorme y alegre corazón que sueña, imagina y que buscaba un destino, ir al Polo Norte.
Cuando un niño sube a un avión, lo otro que vuela es su imaginación, una imaginación que puede llevar a decir frases como: "Mira, estamos en el cielo y no hemos muerto", "Así verá Dios el mundo", "Quiero tocar una nube" y "Tengo ganas de vomitar", expresiones que vienen y van.
Pero dentro de todo esto, ese momento nace, crece y se reproduce en los niños, y algo seguro es que en el cielo nunca morirá.