Este consiste en la aplicación tópica de un preparado químico para lograr la exfoliación de la piel, por lo que estimula su regeneración, eliminando ciertas lesiones malignas incipientes, así como cicatrices, manchas y arrugas, indicó el dermatológo Raúl García de Paredes.
También es utilizado para mejorar el cuadro en la dermatitis seborreica (es una dolencia cutánea, inflamatoria y común que hace que se formen escamas, que van de blancas a amarillentas, en áreas grasosas como el cuero cabelludo o dentro del oído, y puede ocurrir con o sin enrojecimiento cutáneo); el acné y la rosácea, una enfermedad crónica que afecta la piel.
Pero, en el mercado también podemos encontrar otros métodos para la regeneración de la piel como es la utilización de láser y luz pulsada.
García de Paredes afirmó que se usan más los tratamientos con láser, porque se obtienen buenos resultados con pocas molestias.
En una clínica dermatológica un pelling puede costar desde B/.80.00 por sesión; mientras que un tratamiento con láser varía desde B/.250 hasta B/.400.00.
Según la dermatológa Michele Quelquejeu, las personas que padecen herpes labial deben tomar antivirales profilácticos para evitar que el peeling les desencadene un brote.
Existen los peeling mecánicos, como es la microdermoabrasión que se realiza con microocristales de aluminio. Además de los alfahidroxiácidos que se aplican con ácidos de frutas.
La cara, la espalda y los glúteos son áreas donde se aplica.
La mejor época para hacerlo es el invierno, porque es importante evitar el sol.
También hay que considerar que muchas veces ellos se ven obligados a renunciar a su tiempo libre y a sus actividades, que por edad deberían disfrutar.
Para limar todas esas asperezas, Benítez concluye que es conveniente que las funciones de cada cual queden explícitas y que no exista una gran contradicción entre lo que los abuelos transmiten y los hábitos de educación de los padres.
¿Cuántas veces hemos sido testigos de abuelas sobrecargadas de obligaciones?
Agobiadas y presionadas hasta el extremo, cargan con el deber de cumplir simultáneamente varias tareas con eficacia, acierto y puntualidad, siendo además responsables directas de sus nietos o hijos adultos no emancipados.
En algunos casos extremos llega a producirse el síndrome de la abuela esclava, un cuadro clínico de difícil diagnóstico, pues quien lo padece presenta síntomas de enfermedades comunes, aunque éstas no responden a tratamientos convencionales.
Todo esto provoca en la abuela un sufrimiento crónico y un notable deterioro de su calidad de vida.
Este síndrome se produce por agotamiento consecutivo a estrés o sobreesfuerzo físico y emocional crónicos, sobre todo en relación con las responsabilidades propias de una ama de casa en ejercicio activo.
La coexistencia de otras enfermedades adelanta la aparición de manifestaciones clínicas y las agrava.
El síndrome de la abuela esclava fue descrito y estudiado por el doctor Antonio Guijarro Morales, cardiólogo, profesor de la Universidad de Granada, en el libro de igual nombre.
En su obra, el autor reseña e ilustra con varios ejemplos reales esta forma de enfermedad "frecuente y grave, potencialmente mortal".
Lamentablemente, este síndrome es habitual en muchas sociedades, constituyendo una de las más extendidas pandemias sufridas por las mujeres en el siglo XXI.
Y es un hecho que en cada familia hay, hubo o habrá una abuela esclava, por lo menos.