Silfrido Ibarra es padre de muchos paisajes, paisajes del Panamá profundo, de la selva cuasi virgen tropical, donde el águila Arpía, el tucán, el ruiseñor, las gaviotas, las golondrinas, los búhos, los cuervos y otras bellezas aladas anidan y ayudan a mantener el equilibrio tan necesario para la sobrevivencia.
Él se inspira en su Patria, donde la naturaleza agreste todavía puede ufanarse ante otras naciones hermanas del orbe, porque aves, mamíferos, reptiles, anfibios, insectos logran sobrevivir pese a los atentados del hombre, depredador que no se detiene y en nombre del progreso invade ecosistemas.
Los paisajes reales compiten en belleza con los imaginarios, hijos todos de este pintor que hace gala de su arte en el que el color, la textura y vistosidad van de la mano.
Ibarra se precia de tener una memoria privilegiada y revisa este archivo maravilloso para sacar nuevos trazos del Panamá verde, de esas selvas donde anidan juntos aves y recuerdos; agazapados los primeros entre lianas, florecillas o coposos árboles que casi tocan el cielo con sus ramas que parecen brazos que dan gracias por servir de inspiración al artista, al poeta, al músico y abrigados los otros por los detalles y sensaciones que los hacen especiales para atesorarlos y sacarlos a pasear a través de la pintura, que es catarsis y a la par albacea.
El artista tiene entre sus mentores a Adriano Herrebarría y Guillermo Trujillo, dos pilares de la plástica panameña.
Silfrido, con una trayectoria artística de más de 30 años y más de una docena de exposiciones individuales y alrededor de 50 colectivas, en varios continentes, en "Incertidumbres", donde exhibe 15 pinturas (acrílico sobre lienzo) en Legacy Fine Art en Avenida Balboa, deja colar recuerdos, vivencias, momentos, postales de la selva tropical.
Sobre el arte de Ibarra Pedro Luis Prados, profesor de arte y estética de la Universidad de Panamá, plantea que “... sus paisajes estén signados de una cierta melancolía y remitan a grados de intimidad con los que establece vínculos emotivos con el espectador”.
Su arte, que califica de impresionista, está cargado de luz y al ver esos parajes tú sientes que derrochan vida, esperanza, que están pletóricos de riqueza y son la viva promesa de que el mundo natural no está desahuciado. No puede estarlo. A pesar del Homo sapiens y por el futuro del Homo sapiens.