"La piratería en Panamá es un fenómeno dramático, que está acabando con el negocio de la música ", denunció María Sofía de Carranza, propietaria de Discotecas Shophy .
Y es que las casas discográficas que operan en Panamá han registrado un descenso de las ventas en los primeros meses de 2002 de entre un 30 y 50 por ciento, debido a la música descargada de Internet y a las "copias piratas" que se venden descaradamente en La Central, Calidonia e incluso en Los Pueblos, hasta por cinco balboas la unidad, comparado con los diez o quince balboas por los que se vende en una tienda legal.
"Pero las disqueras tienen que pagar regalías, producción, artes, impuestos y toda una serie de aspectos que encarecen el producto y se les hace imposible venderlos a sólo cinco dólares", explicó Carranza, quien ha recibido reportes de ventas de discos compactos piratas hasta por tres balboas. "Con eso no se puede competir", aceptó la entrevistada.
Pero el daño va mucho más allá. "La piratería afecta a la industria discográfica que ve cómo disminuyen sus ingresos, a los autores y artistas que no reciben su dinero y a los consumidores que poco a poco verán cómo la oferta musical va decayendo, porque no hay dinero para invertir en nuevas producciones", comentó la señora de Carranza.
"Si un ladrón te roba -explica Carranza- el policía lo detiene, pero si denunciamos este robo flagrante ante las autoridades, se nos pide el nombre de la persona que está cometiendo la falta y hay que poner una denuncia. ¿Qué infractor nos va a decir oiga, yo me llamo fulano de tal?".
Este medio intentó fotografiar a los vendedores que con grandes cartelones de ofertas ofrecen recopias de discos en las aceras, pero estos se opusieron tajantemente.
Según la señora Carranza, hay una Ley de enero de 1995 que está en vigencia y que penaliza la piratería intelectual con multas que van hasta los 20 mil balboas o cuatro años de cárcel. Sin embargo, considera que sólo se aplica a negocios grandes.
Por su parte, Dumas Torrijos, propietario de G-Producciones, representante disquero de varios sellos artísticos, asegura que el daño a la industria musical va mucho más allá, ya que las ventas han disminuido en un lamentable 50 por ciento, afectando hasta a los más taquilleros artistas del patio como Samy y Sandra y Ulpiano Vergara.
¿Y las autoriades? Según Dumas se han hecho redadas al respecto, pero el control es difícil, los vendedores piratas crecen como flores silvestres y por lo que se ve, no hay quién ponga el cascabel al gato.
El flagelo se extiende por toda la República, ya que lo mismo ocurre en Chiriquí, o en ciudades como Santiago y Chitré. "Es que el problema no sólo se da aquí, sino a nivel mundial", dijo el representante disquero, que asegura tener informes provenientes de Ecuador, donde un disco compacto pirata se vende sólo a dos dólares.
Y es que Dumas denunció otro fenómeno muy difuso, el de la piratería industrial, pese a que existen leyes muy estrictas sobre ella. Por el hecho de que los vendedores ilegales ofrecen sus mercancías en las calles de ciudades y pueblos con toda impunidad, es más rentable para muchos, comprar una máquina que "quema" (reproduce) discos y que cuesta entre 300 y 600 balboas y montar así su negocio pirata, sin pagar impuestos, regalías, ni planilla.
De hecho la venta de cd vírgenes ha aumentado drásticamente, frente a los discos y casetes grabados. ¡Por algo será!. Tal vez la solución sólo esté en la conciencia de los consumidores para evitar la inminente extinción del mercado del disco.