Una simbiosis de las dos pasiones del colombiano Juan Ricardo Mejía, la arquitectura y la escultura, más su gran capacidad de observación dan como resultado unas obras sobrias y llenas de significados.
Insta a descubrir en ellas la ciudad, sus espacios, estructuras y ver más allá de los materiales con los cuales está construida.

Es que a veces el individuo actúa casi como autómata y su vida raya en la monotonía. Es como un forastero en su propia ciudad. Mirar su entorno con ojos curiosos, inquisitivos, puede hacer la diferencia.
Él pone a diario en práctica y, gracias a su creatividad, a través de geometría dinámica, le pone vida, movimiento al metal u otros materiales que emplea en sus esculturas que para nada son frías. ¿Cómo serlo si tienen la calidez de los espacios que ocupa el 'Homo sapiens', donde cumple roles importantes en sus distintas estaciones y roles vitales?

Sus esculturas son más que placas de metal colocadas al azar en una u otra posición. Con ellas superpuestas va creando piezas originales, únicas, con ese sello particular que ha recibido tan buena acogida en su natal Medellín (Colombia), al igual que en Corea, Venezuela, Estados Unidos y Suiza. Que presenta por primera vez en Panamá.
Profundidad, altura, fondo, forma, grosor, color, luces, sombras. Todo se complementa en cada pieza escultórica. Va encajando, como las piezas de un rompecabezas.
Luego de mirar una y otra vez cada una de las piezas de "Todo está conectado", nunca más volverán a ver de la misma forma el paisaje urbano. Habrán aprendido a leer entre líneas. Es decir, habrán afinado el sentido visual y la sensibilidad, fortalecido el arraigo a ese útero social que viene a ser la ciudad para cada uno de esos espíritus nómades que buscan echar raíces en la selva de cemento. Habrán sufrido una metamorfosis, así sea momentánea y se habrán permitido conectar su corazón al de la 'Polis'.
Más detalles
Le importa mantener la esencia, “el espíritu” del lugar (queda de manifiesto en la serie ‘Genius loci’ de esta propuesta artística en Galería Allegro). Por eso, Juan Ricardo las trabaja en planos bidimensionales o tridimensionales. Para permitirle al observador de su arte dar también un vistazo al interior de ellas. En algunas está presente inserto de una forma muy original, el elemento humano, el morador, constructor, destructor y transformador de la ciudad. Sus esculturas (minimalistas) son una invitación a realizar un viaje intrínseco y extrínseco, de la mano de la materia que ha sido amalgamada con el equipaje cultural y emotivo de este artista, observador y arquitecto innovador.