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Portarse mal: una forma de aprendizaje


Lo que para nosotros es mal comportamiento, para nuestros hijos es una forma de aprendizaje activa. Por lo menos eso es lo que afirma la psicóloga con especialidad en desarrollo y educación de la primera infancia, Becky Bailey en su libro "Edúquelos con amor".
En opinión de la experta, las mejores lecciones se aprenden de los errores y el mal comportamiento cubre muchos propósitos maravillosos en el crecimiento de su hijo.
No es posible ni saludable tratar de detener esa "experimentación" de los niños.
Los bebés tienen todo el potencial de los adultos, sin las experiencias que nos han hecho ser lo que somos. Necesitan tocar, probar, romper, oler, buscar y rebuscar; su aprendizaje proviene de los errores que cometen. Esos errores son lo que llamamos mal comportamiento.
"Los niños aprenden el significado de sí declarando no. Aprenden el significado de suyo proclamando mío. Asimismo, se apegan al concepto de justicia percibiendo acciones injustas, y el concepto de paciencia haciendo demandas constantes. El mal comportamiento sirve a los niños como un sistema de comunicación", escribió Bailey.
Bailey observa que el mal comportamiento tiene siete funciones vitales:
1. Enseñar lo que es seguro y lo que no. Su pequeño no sabe lo que significa los conceptos de frío y caliente. Necesita aprenderlo por sí mismo/a. Lo que hice en esta etapa de experimentación de mis hijos fue darle pequeñas dosis de experiencias. Metía sus deditos en cosas tibias y frías, les mostraba como las tijera podían cortar su cabello o leíamos cuentos que narraban las travesuras de sus personajes. Si esto no le basta, resígnese y mantenga alejado lo más posible el peligro.
2. Inicia la capacidad de comunicarse para satisfacer sus necesidades. Si su pequeña o pequeño hace pataletas cuando quiere algo y usted refunfuña, pero se lo da, aprenderá a lograr lo que quiere de esa manera. Por el contrario, si usted ignora sus rabietas y le dice que las cosas hay que pedirlas con voz baja y buenos modales, esa será su forma de obtener lo que desea.
3. Los ayuda a aprenden qué pensamientos, sentimientos y conductas son adecuados para otras personas. Los niños pueden pelear con sus amiguitos y "odiarlos" momentáneamente; sus padres debemos mostrales que comprendemos lo que sienten y hacerles ver una mejor manera de manejar el conflicto, con diálogo y justicia.
4. Aprenden a decir sí a las cosas saludables y no a las no saludables. Según Bailey, cuando los pequeños aprenden a decir no, también aprenden a aceptar la negativa de otros. Al ceder siempre ante sus ruegos y berrinches no le está enseñando a aceptar o dar una negativa válida. Diga no con cariño, para no lastimar a su hijo. La autora señala que decir no es una fuerza positiva que forma el carácter, enseña a los demás a tratarlo y los protege contra la manipulación.
5. Define qué les concierne y qué no. Cuando su hijo/a comete una falta impulsado por otros, es una oportunidad para enseñarle que es dueño de sus pensamientos, sentimientos y opciones, por lo que no debe hacer lo que no desea nada más porque otro se lo pida.
6. Enseña responsabilidad. La Dra. Becky Bailey define la responsabilidad como la habilidad de responder al momento. Con cada travesura, los niños aprenden la forma "adecuada" de actuar la próxima vez.
7. Da a los niños oportunidades para aprender a tener conciencia de sí mismo y autodisciplina. Sólo cuando pierden el autocontrol, los niños pueden aprender a establecerlo, mantenerlo y recuperarlo. Ellos o ellas encuentran los límites, los rompen haciendo lo que dijimos que no podían hacer para saber qué se le permitirá y qué no, para finalmente aprender los límites que tienen.
Los niños son niños, tocarán, se romperán dientes o huesos, arruinarán nuestras preciadas posesiones y saldrán sin permiso; ellos están aprendiendo de la mejor forma que pueden, a base de ensayo y error. A nosotros sólo nos corresponde recordar nuestra infancia y armarnos de paciencia.


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78562
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América