Mis inquietudes poéticas nos han llevado a tratar de profundizar en la literatura mundial en general y en la panameña a nivel particular. En esa línea he leído los 15 poemarios escritos por esa sobresaliente pluma del parnaso nacional que es Luis Carlos Jiménez Varela.
Coincido con el Catedrático Universitario Ricardo Segura que una de las aristas fundamentales de gran parte de los textos de este autor se inclinan por la vertiente estética de la llamada Literatura Comprometida que preconizaran Pablo Neruda, César Vallejos, Nicolás Guillén y Vladimir Maiacosky, entre otras. Pero, no es a esa línea conceptual a la que deseo referirme sino a la visión intimista de su obra lírica que estudió el Doctor Diógenes Cedeño Cenci. A propósito de la publicación del poemario "Cartas de Infancia" hace algunos años y en la que se caracteriza la influencia becqueriana en dicho libro, afirmación de Filosofía del arte con la cual coincido plenamente. Es más, pienso en lo personal, que lo que ha hecho que la poesía de Jiménez Varela haya trascendido a nivel Centroamericano y Suramericano es su dominio clásico de la generación del 27, española, que en las voces de Rafael Alberti, Federico García Lorca y Luis Rosales impactaran a nivel de la más alta poesía Contemporánea.
La inclusión del poeta panameño a que me refiero en la antologia y diccionario de la literatura centroamericana compilada por el poeta y crítico nicaragüense, el Dr. Jorge Arellano, representan una elocuente significación del valor estético de la poética de Luis Carlos Jiménez.
Veamos su calidad lírica en los fragmentos del libro "Elegía de Invierno", editado por la Editorial Catedral de Santiago de Cuba en julio de este año, a raíz de su participación como delegado panemeño al Encuentro del Foro Literario "El Festival del Fuego". He aquí los versos del poeta que escojo al azar del libro aludido:
Los poetas son bebedores clandestinos de la luz furtiva de los túneles que se tragan en copas de oro el tránsito letal de la ceniza.
Todo poeta es un filósofo con su rostro pegado a la ventana abierta de geométricos inviernos que crecen en la aurora.
La nostalgia de los bardos camina sobre tréboles de rosas.
Fueron los poetas quienes inventaron los Girasoles y biografiaron las viejas desmemorias de este habitáculo en que pernoctamos los humanos.
La poesía es sed de infinito, corazón que crece para convertir en patria de amor al universo.
Todo poeta ha dado un beso a la luna raíz del viento y del mito hueca osamenta de las viejas palabras repetidas que viajan hacia el mundo de la infancia. La poesía es la dialéctica de Sócrates convertida en alta ternura.
Los poetas se enfrentan a la decapitación de la flor cuando cae un obrero con su camisa azul y su calzado roto y entonces ya no cena.
¿Se sienten en estos versos el gran lirismo y el fino manejo de, la metáfora y el hondo mensaje?....Los lectores tienen la palabra.
(La autora es miembro del Grupo Literario León A. Soto).