Variedades

Préstenme atención, tengo algo que decir


Hablar y que alguien les escuche y les preste atención es una necesidad imperiosa en la niñez, que está siendo pasada por alto por los/las adultos lo que trae como consecuencia que dada su gran percepción niños y niñas sienten que no los toman en serio como conversadores/as.
Así ha podido apreciarlo a través de la práctica la psicoterapeuta Lizeyca Villamil, quien compartió con nosotros una experiencia reciente con un grupo de niños/as en su iglesia, que le permitió corroborar una vez más esta especie de soledad en medio de la compañía que viven muchos niños/as y adolescentes en Panamá producto de una sociedad que anda en una desmedida carrera que no da tiempo para la comunicación efectiva.
Mientras se preparaban para orar los niños/as (cinco, entre seis y 11 años) comenzaron a hacerle comentarios a ella y como la vieron receptiva, se sintieron cómodos/as para seguir hablando. Fue así como ella supo que uno había tenido pesadillas las cuales le relató, que en la escuela de otros en los murales habían puesto información sobre meningitis porque un niño había muerto de esta enfermedad y le fueron haciendo partícipe de otras vivencias que ella escuchó atenta.
Cuando les preguntó si habían hablado estos temas con sus padres las respuestas variaron: Hubo quien le dijo que no porque comienzan a hacerle un interrogatorio o comienzan a hablarle y le crean la sensación de que es más importante lo que la gente grande dice que lo que los niños dicen. Otro dio a entender que para qué hablar con los adultos si no prestan atención y así hubo otras respuestas que evidenciaban que "los niños no nos tienen confianza".
Ella dijo que se sintió complacida de poder llenar en ese momento ese vacío comunicacional porque el hecho de que ellos hubieran hablado sin cortapisas implica que "se sintieron como si yo no estuviera allí y fuera parte de ellos".
"Fueron tan solo quince minutos, fue un momento no planeado. La razón original por la cual los reuní fue para orar pero sintieron la necesidad de comunicar lo que tenían dentro y necesitaban compartir con alguien que les escuchara", dijo la psicoterapeuta.
No olvide que ellos saben quienes son y quienes somos. Si les hacemos daño lamentarán habernos elegidos como padres, pero si los queremos y reconocemos, confiarán en nosotros incondicionalmente
De acuerdo con la especialista Nancy Tappe, los niños índigos son niños informatizados, tienen más cabeza que corazón. Nacieron para la tecnología y abrirán la puerta a los nuevos inventos del futuro. Ellos tienen mucha fe en sí mismos.


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93886
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América