Hace algunos días descubrí que uno de los miembros de nuestra familia es diabético, y digo descubrí porque a pesar de saber que desde hace más de un año tomaba medicamentos para controlar sus niveles de azúcar, la palabra diabético nunca había sido mencionada como tal para referirse a la condición.
Al escuchar esta palabra me provoca nervios inmediatamente, ya que es una condición seria que requiere de ciertos cuidados especiales.
Este descubrimiento tuvo mi mente trabajando incesantemente por varios días, una de las cosas que ocupó gran parte de esos pensamientos fue cómo durante todo ese tiempo y antes de escuchar la mencionada palabra, en ningún momento noté un cambio en la alimentación del sujeto en cuestión.
Este tipo de situaciones me sorprenden. Y es que en estos tiempos en que el acceso a la información es tan sencillo, mi mente no puede comprender cómo jamás a esa persona se le había indicado la importancia y el papel que juega la comida en el cuidado de su condición, ni se le proporcionó una guía alimenticia. Esto, la verdad, me dejó indignada, ya que considero que es por la prevención por donde debe iniciar todo cuidado de pacientes y que la misma es el complemento principal a toda serie de medicamentos cuando se diagnostican niveles altos de azúcar en la sangre.
No pretendo ser una experta en nutrición y mucho menos doctora, pero con mis años en la cocina y los que llevo alimentándome bien, desde que decidí mejorar mi relación con la comida, he aprendido muchísimo sobre el tema y quisiera compartirles algunos de mis conocimientos.
Existen comidas que por su naturaleza tienden a elevar rápidamente nuestros niveles de azúcar en la sangre, llámese pan blanco, arroz blanco, papas, pasta, etc. Estos deben ser evitados por los diabéticos. Existen además otros alimentos en los que la liberación de azúcar es mucho menor, estos son los carbohidratos complejos, como por ejemplo la yuca, el ñame, toda clase de frijoles y el brócoli, estos además son altos en fibra y nutrientes. La clave con todos los anteriores es que al ingerirlos para producir la menor elevación de los niveles de azúcares en la sangre deben ser siempre combinados con una proteína, es decir pollo, pescado, carne. Esta es la principal clave y regla de oro de la alimentación para una persona que busca controlar esta condición o mejorar su peso.
Los vegetales y las proteínas bajas en grasa son nuestros mejores amigos.
No digo que no debamos disfrutar de algún gustito pecaminoso de vez en cuando, pero con moderación y sin olvidar que es clave combinar los alimentos correctamente.
Creo que el mayor reto que se nos presenta es buscar formas innovadoras de preparar los alimentos que muchas veces podemos considerar un tanto aburridos y yo me daré a la tarea con esta columna de enseñarles cómo hacerlo.