Una de las preguntas que todos se hacen es ¿por qué estas jóvenes desearían convertirse en Miss Universo?
Miss Grecia, Marieta Chrousala, una chica de 20 años, asegura que sería un honor para ella, a la vez que sería una experiencia enriquecedora. Por pimera vez esta chica sale de su país y el consejo que le brindaron antes de llegar a Panamá fue que siguiera siendo ella misma. Pase lo que pase, lo que pide es que la acepten tal como es.
A ello se añade el ingrediente salud. La devastación de los terrenos mantiene a los moradores con problemas respiratorios constantes, señaló el galeno. Pero, esas tierras parecen haber sucumbido ante el deseo imperante de ser sembradas. El fuego las mató.
Adán Barría, residente en El Cobrizo, lo entiende de esta forma "las tierras no son buenas para producir. Es por eso que lo que más se consume es yuca". A pesar de la intervención de la Autoridad Nacional del Ambiente, la situación parece no mejorar. Desde los puntos más altos de los caminos comarcales se aprecian llanuras nubladas. El humo se apoderó de ellas.
En la larga lista de carencias que enfrentan los indígenas un aspecto adicional se ha convertido en atenuante. Y es que por tratarse de un área montañosa, no podía faltar. Los vientos "huracanados" como los han calificado los lugareños son el terror de la comarca. Lo sembrado y hasta lo cosechado ha sufrido los estragos climáticos de las últimas semanas.
"Hemos perdido todo por las brisas que han soplado... hasta las casas se nos han mojado", manifestó evidentemente preocupado Pacífico Sibala, residente en la comunidad de Batata. Febrero, marzo y abril son los "meses duros", como dijo Sibala. Llueve a diario y resulta imposible sembrar "al menos la yuca que es lo que más se come por acá".
Julio Cire y sus cuatro hijos atravesaron una situación similar hace poco. César y Adán, de 9 y 11 años, respectivamente, perdieron sus libros cuando un fuerte aguacero sacudió su casa en Guayabito.
Tenían sembrado café, maíz y arroz, todo se perdió. Con lo poco que logró salvarse están sobreviviendo... pero ya se está agotando. En Alto Galera han experimentado también los embates del clima. Aníbal Monteczuma se mudó a Virotal por unos días hasta que pudo levantar nuevamente un sitio donde vivir. "Había llovido por varios días y perdimos todo lo que habíamos sembrado unos meses antes. El maíz, el arroz... todo".
Allá no se construye con cemento. El barro y las hojas de zinc sirven de paliativos. Son indispensables si se piensa edificar una morada. Termina por ser un lugar de resguardo, sin las mínimas condiciones de seguridad, pero habitable. Con eso se conforman.
Sin embargo, los fuertes vientos no conocen de "habitable". Y al cabo de un par de lluvias todo está en el suelo. Esas frágiles edificaciones ceden y se derrumban y con ellas cae también lo único de lo que disponen, "su única propiedad".
Luis Degracia, su esposa y sus ocho hijos saben muy bien de qué se trata. "Dos veces el viento y las lluvias nos han tumbado nuestra choza. He tenido que volverla a construir y hemos perdido también el arroz porque llueve mucho, el maíz y otras cosas por ahí".
Este año contaron con mejor suerte. A la fecha, al menos en ese sector, no ha llovido como de costumbre y "si Dios nos lo permite podremos cosechar lo que sembramos para tener algo en el plato siquiera una vez al día", sonríe con un tono esperanzador que no se ha perdido por aquellos rumbos.